Politiqueros locales abogan por más dependencia energética

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Una reforma verdadera se basa en el control de la clase obrera sobre la industria energética y la transición inmediata a fuentes limpias y renovables

Por Carlos Borrero

Los defensores del capital estadounidense en el territorio han reactivado el proyecto para convertir a Puerto Rico en un mercado de exportación de gas natural estadounidense.  Un informe publicado por el Centro de Periodismo Investigativo arroja luz sobre los esfuerzos de Luis Fortuño, ex gobernador y actual miembro de la “comisión de igualdad” de Rosselló, para intervenir con la Comisión de Energía de Puerto Rico en nombre de la empresa SeaOne, una empresa con sede en Houston especializada en el transporte de Gas natural y líquidos gaseosos en forma comprimida, con vínculos a la creciente red de terminales para la exportación ubicada por la costa del Golfo.  Dicho proyecto contaría con la construcción de un terminal para la importación de gas natural en Guaynabo, el cual suministraría combustible a las centrales de la AEE ubicados en el área.

 

Además del proyecto de SeaOne, se han reavivado los planes para convertir el área sur en un centro de importación y distribución de gas natural licuado.  La firma de inversiones Arctas Capital Group ha solicitado a la misma Comisión de Energía permiso para investigar la viabilidad de reiniciar el proyecto del Gasoducto del Sur, o como una instalación flotante (The Aguirre Offshore GasPort o AOGP) o una modificación del plan original en que se construiría un gasoducto desde la central EcoEléctrica en Peñuelas, a donde llegarían los cargamentos de gas natural licuado, hasta la central Aguirre en Salinas.

 

El argumento de que estos proyectos responden, en primera instancia, al problema del alto costo de energía eléctrica para las masas en Puerto Rico es una falacia descarada.  En realidad, responden a las necesidades de la industria gasífera en EEUU y el insaciable apetito del capital financiero para extraer ganancias jugosas de la deuda.

 

En los últimos años, la creciente explotación de recursos gasíferos y del petróleo bituminoso estadounidenses, la llamada ‘revolución de esquisto’, además de resultar en la mayor autosuficiencia energética de EEUU, ha alimentado la carrera para exportar combustibles fósiles.  Los productores estadounidenses ya son competidores en el mercado internacional.  Sin embargo, la actual saturación del mercado internacional de recursos energéticos, reflejada en el precio relativamente bajo de combustibles y las crecientes tensiones sociales en los países dependientes de las ventas internacionales del petróleo (ej. Venezuela, Arabia Saudita), ha provocado una carrera desenfrenada de parte de productores gasíferos estadounidenses en particular para acaparar nuevos mercados a través del mundo.

 

En el caso particular de Puerto Rico, la llamada ‘reforma energética’ impulsada por los politiqueros de ambas administraciones tiene como objetivo principal sustituir al petróleo más pesado brasileño del cual ha dependido la AEE con el gas natural estadounidense.  La conversión de centrales para llevar a cabo este cambio figura como parte de los masivos proyectos de infraestructura que se contemplan bajo los varios esquemas de Alianzas Público Privadas.  En otras palabras, los capitalistas plantean cargar a las masas los costos de la conversión de la infraestructura necesaria para sustituir la actual dependencia de Puerto Rico del petróleo pesado con un nuevo régimen energético dependiente del gas natural estadounidense.  Bajo este esquema, lo que queda de la AEE será privatizado, con todas las consecuencias adversas para los trabajadores, los productores gasíferos de EEUU lograrán acaparar otro mercado para vender combustible a precios monopolistas, y los parásitos financieros adquirirán no sólo un flujo directo y constante de ingresos in perpetuum a través de cargos dedicados en la factura, sino también otra fuente para garantizar el empaquetamiento y titularización de deuda para revenderse en los mercados financieros secundarios.

 

Por más que sus productores mercadeen el gas natural como un combustible limpio, y por mucho que proclame una compañía como SeaOne que su técnica para comprimir el gas natural y sus derivados resulta en mayor seguridad y eficiencia durante el transporte, la realidad es que todos estos esquemas cuentan con una tecnología y unas fuentes energéticas ya anticuadas.  Como un archipiélago caribeño, Puerto Rico tiene el potencial de reducir dramáticamente su dependencia de todos los combustibles fósiles mediante la explotación de las fuentes solar, hídricas y eólicas para la producción energética.  El hecho de que no se contemplan estas alternativas resalta la alianza entre los políticos de la colonia con los sectores más retrógradas de la industria energética en EEUU.  Al nivel más general, este ejemplo demuestra una vez más la manera en que el capitalismo ya representa un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas.  El enorme potencial de la humanidad de aprovecharse de fuentes energéticas verdaderamente limpias y renovables sigue limitado por el afán de lucro de intereses vinculados a la tecnología y las fuentes enérgicas anticuadas.

 

Con las gestiones de Fortuño para promover estos proyectos se destaca el servicio que todos los políticos del territorio les prestan a los grandes intereses capitalistas.  Al igual que las figuras como Fortuño y Rosselló, podemos señalar el liderato del PPD que también emplea el discurso demagógico acerca de los problemas más apremiantes de la gente, como es la cuestión del alto costo de la electricidad, para defender y adelantar los intereses capitalistas.

 

Tal como otras cuestiones de importancia inmediata para las masas, las soluciones para el problema de la energía eléctrica propuestas por los capitalistas son completamente inadecuadas.  La clase obrera consciente exige la reorientación de la producción y distribución de la energía eléctrica desde el afán de lucro capitalista a la satisfacción responsable de las necesidades racionales de la sociedad.  Tal reorientación, además de requerir la puesta bajo el control democrático de los obreros mismos toda la industria energética, implicaría la liberación de las fuerzas de producción de las trabas sofocantes impuestas por las consideraciones capitalistas para aprovecharse del desarrollo del conocimiento y la técnica que hacen realizable la conversión de fuentes renovables y limpias en energía eléctrica.