Guerra económica entre potencias entra nueva fase

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Intensificación de conflictos comerciales repercuten en nuevas alianzas

Por Carlos Borrero

La decisión del gobierno ruso al final de la semana pasada de tomar posesión de dos propiedades y expulsar más de 750 miembros del cuerpo diplomático estadounidense en Rusia inicia una nueva fase en los conflictos entre las grandes potencias.  Este conflicto, ostensiblemente entre EEUU y Rusia solamente, invariablemente traerá a otras potencias, siendo Alemania la más notable, más profundamente al centro del actual maelstrom de antagonismos imperialistas, con todas las implicaciones que eso conlleva.

 

La decisión de Moscú surgió como represalia por la reciente aprobación, casi unánime, de un proyecto de ley en ambas cámaras del congreso estadounidense para imponer sanciones a Rusia, Irán y Corea del Norte.  Ya la Casa Blanca ha dado indicios de que Trump convertirá la pieza legislativa en ley a pesar de todas las intrigas alrededor de la sospechada colusión entre su campaña y las agencias de inteligencia rusa.  Con esa movida contra Rusia la clase dominante en EEUU ha enviado el mensaje de que los intereses empresariales particulares de Trump no superarán los intereses estratégicos del imperialismo estadounidense en su conjunto.

 

El impacto de dichas sanciones no se limitaría a Rusia o los otros dos países nombrados en el proyecto de ley.  La Unión Europea, que depende en gran parte del suministro de recursos energéticos rusos y cuyo capital ha invertido en varios proyectos de infraestructura energética para asegurarse de estos suministros, también se vería adversamente afectada.  En unas declaraciones la semana pasada, el presidente de la Unión Europea Jean-Claude Juncker aseveró que la UE estuvo listo para “actuar adecuadamente dentro de días” como respuesta a la amenaza que representan las sanciones estadounidenses.  Se ha hablado de la preparación de una lista de importaciones estadounidenses a las que la Unión Europea impondría aranceles de represalia como primer paso.

 

De particular importancia para los europeos es el impacto que tendrían las sanciones estadounidenses en los proyectos Nordstream 2, un gasoducto con capacidad de transportar 55 mil millones de metros cúbicos anuales de gas natural desde Ust-Luga en Rusia a través del Mar báltico al norte de Alemania, y Blue Stream, otro gasoducto que parte desde Rusia para atravesar el Mar negro hasta Turquía.   El proyecto Nordstream 2, que cuenta con el ex canciller alemán Gerhard Schröder como presidente de la junta directiva, es un consorcio entre la empresa estatal rusa Gazprom y cinco socios europeos: Wintershall y Uniper (Alemania), Royal Dutch Shell (Holanda), OMV (Austria), y Engie (Francia).

 

El intento estadounidense de descarrilar estos proyectos energéticos forma parte de los esfuerzos a corto plazo para frustrar la mayor integración de vínculos económicos entre los centros de poder en Europa – Alemania y Francia – y Rusia además de sentar las bases para una penetración potencial del mercado energético europeo por los intereses gasíferos estadounidenses.  Como hemos destacado, EEUU en años recientes se ha convertido en un importante productor de gas natural con potencial de ser un exportador mundial.  A más largo plazo, la postura cada vez más agresiva de EEUU hacia Rusia tiene que entenderse como parte del objetivo estratégico de controlar la masa territorial de Eurasia, lo que implica el cercamiento de Rusia y China.  Con respecto a Rusia, esto incluye el despliegue de tropa estadounidense al flanco este de Rusia en los países bálticos y Polonia, el apuntalamiento de un régimen anti ruso en Ucrania y la actual escalada militar en Siria.  (Vale señalar de paso que aun el conflicto que se desenvuelve en Venezuela tiene matices del creciente antagonismo entre EEUU y Rusia ya que en años recientes Moscú se ha convertido en una importante fuente de crédito para el gobierno de Maduro.)

 

Los proyectos energéticos entre la EU y Rusia son ejemplos de la tendencia hacia un fortalecimiento de vínculos comerciales y económicos entre Europa y Asia.  Hasta ahora, la oposición estadounidense a este acercamiento se ha reflejado en una serie de multas impuestas a bancos como Deutschebank y BNP-Paribas además de compañías como Alstom, provocando acciones similares de la UE dirigidas a las compañías informáticas estadounidenses.   Más recientemente la administración de Trump ha ampliado sus acusaciones en contra de Alemania por supuestas “prácticas comerciales injustas”.  Alemania mantiene actualmente un balance comercial positivo con EEUU.

 

La escalada de tensiones comerciales y diplomáticas entre las potencias capitalistas es un precursor de mayores conflictos militares en un futuro no tan lejano.  Como signo de lo consciente que está la clase dominante estadounidense de esta eventualidad, el mismo Congreso que aprobó el proyecto a favor de las sanciones propuso recientemente un presupuesto militar superior al que fue solicitado por la administración de Trump.

 

Los capitalistas no pueden ofrecer a las masas obreras del mundo más que la desigualdad social, las formas de gobierno corruptas y militaristas, y más guerras.  La bancarrota histórica del orden capitalista es innegable.  Sólo la toma del poder por parte de la clase obrera internacional y la transformación socialista de la economía pueden salvar a las masas del mundo de los estragos de la guerra.