La Junta de Wall Street insiste en recortes de jornada laboral

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Por Rogelio Acevedo

 

Luego de meses de aparentes enfrentamientos entre la Junta de Wall Street (JWS) y la administración del territorio, finalmente se aprobó el presupuesto en la oscuridad de la noche durante la madrugada del domingo. El presupuesto para el año 2017-2018 establece fuertes recortes en la partida de “Nómina y gastos relacionados” que totalizan aproximadamente $863 millones. Las reducciones de esta partida se relacionan a los recortes de jornada laboral que impulsa la JWS como medida para cuadrar las finanzas del territorio.

 

Para el Plan Fiscal (PF) la JWS condicionó su aprobación a que el gobierno del territorio debía tener una reserva de efectivo mínima de $200 millones y un flujo de efectivo constante de $190 millones para evitar los recortes en jornada y del bono de navidad. En los gastos consolidados, la partida de “Reserva de liquidez” convenientemente reserva $190 millones lo que colocaría a la administración Roselló cerca del requerimiento. Sin embargo, en declaraciones recientes el presidente de la JWS José Carrión III señaló que al no haber certeza de cómo se lograrán los recaudos requeridos, el recorte de la jornada laboral y del bono de navidad entraría en vigor el próximo 1 de septiembre.

 

Consistente con lo que ha sido la conducta populista de la administración Roselló, esta se ha negado a hacer los recortes bajo el argumento oportunista de que “la junta solo puede recomendar y no obligar”. Lo que no mencionan son los abusivos aumentos del presupuesto que se han otorgado a la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF) y la JWS. Para la AAFAF el aumento fue de $40 a $90 millones y para la JWS de $24 a $60. Estos exorbitantes aumentos son consistentes con el desvío multimillonario de fondos públicos para contrataciones de entes privados relacionados a la deuda, asesorías financiera y fiscal.

 

Desde que entró en funciones la JWS el año pasado, se ha generado una sangría de contratos que ciertamente debilitan los argumentos de los administradores del territorio de “la utilización eficiente de los recursos”. Entre los beneficiarios de la crisis se encuentran algunos culpables de ella:

 

Contratista Concepto Monto
Proskauer Rose LLP Asesoría legal $4.3 millones (oct 2016)
Andrew Wolf Asesoría financiera $137,500 (abril 2017)
Citi Group Asesoría financiera $250 mil al mes ($3 millones anuales)
O’Neil & Borges Asesoría legal $250,000
Vantage Knight Cabilderos 250,000 (junio 2017)
Ankura Consulting Asesoría financiera $1.4 millones (febrero 2017)
Natalie Jaresko Dir. Ejecutiva JWS $625,000
Total   $9,962,500

 

Mientras se materializan agudos recortes en educación pública a todos los niveles ($330 millones aproximadamente), la escandalosa venta de las instalaciones médicas que quedan en manos públicas, se otorgan jugosos aumentos de salarios a funcionarios del gabinete de Rosselló y contrataciones con claros conflictos de interés.

 

La clase trabajadora está consciente de que estos recortes de jornada representan una reducción efectiva de los salarios de los empleados públicos. Este, unido a la reforma laboral impuesta a los trabajadores del sector privado, están dirigidos a reducir el valor de nuestro trabajo, que se traduce en trabajar más viviendo con menos.

 

Es por esto que no debemos caer en la trampa mediática de la administración Rosselló, quien aparenta entrar en contradicción con la JWS para supuestamente “defender a los más vulnerables”. Sus preocupaciones residen en consideraciones puramente electoreras, ya que están muy conscientes de que para mantener su acceso al presupuesto y continuar enriqueciéndose de la crisis, necesitan ganar elecciones. Todos los parásitos financieros, empresarios y demás sectores explotadores saben esto, y con todas las disputas que puedan tener, son meramente de forma y no de contenido. Su objetivo es claro: montar sobre nuestras espaldas el peso de la crisis, mientras aumentan la explotación de nuestro trabajo.

 

Solo con la clase obrera en el poder político podremos, no solo planificar nuestra economía según las necesidades de la sociedad, sino erradicar la corrupción que carcome y desangra nuestros cada vez más limitados recursos.

 

¡Revolución o sometimiento!