¿Está la AAFAF realmente negociando ‘duro’ con los bonistas?

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Por Ismael Castro

La prensa está llena de informes sobre el rechazo de la oferta inicial hecha por la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF) por los grupos de bonistas GO y COFINA.  La AAFAF les ofreció un recorte del 50% en el pago de la deuda “constitucional”.  Con dicha oferta tal pareciera que el gobierno territorial está negociando ‘duro’.  Pero las apariencias a menudo engañan.

Alrededor de una tercera parte de los bonistas actuales se compone de fondos de cobertura los cuales empezaron a comprar la deuda de Puerto Rico en 2013 a un descuento significativo cuando se degradó la calificación crediticia del territorio.  Muchos informes destacan que los bonos GO y COFINA se adquirieron en promedio al 30% de su valor nominal.  Partiendo de este promedio, si $100 millones en títulos de bonos se adquirieran por $30 millones en efectivo con la esperanza de recuperar el valor nominal total, un recorte del 50% aún resultaría en ganancias de 20 millones de dólares sobre la inversión original o una tasa de ganancia de 67% si se usa la metodología capitalista.  Los fondos de cobertura, por supuesto, quieren más.  Sin embargo, no importa el acuerdo final, éstos se llevarán jugosas ganancias de sus “inversiones” iniciales.

Desde el punto de vista de los bonistas, los dos factores más importantes en cualquier negociación sobre la deuda son: 1) el margen entre el precio de compra y el valor nominal del título y 2) la clase del título.  El primero se refiere a la ganancia potencial por encima de la inversión inicial, mientras que el segundo tiene que ver con la determinación del orden en que se paga.  La lucha actual entre los bonistas GO y COFINA es en esencia una sobre reclamos de prioridad competidores en el desembolso de pagos.

Desde el punto de vista del gobierno territorial, las negociaciones sobre la deuda son una cuerda fina entre servir a sus amos capitalistas y no agitar demasiado el avispero de ira popular hasta el punto en que la situación se le salga de las manos.  Una oferta inicial de un recorte de 50% fácilmente podría terminar en un acuerdo de, digamos, 60% el cual luego podría usarse para proclamar orgullosamente ahorros de 40% ¡a nombre del pueblo!

Si bien aún queda mucho en el tintero en torno a las negociaciones entre los bonistas y la administración del territorio, una cosa es cierta: la llamada crisis de la deuda ha sido hasta ahora un instrumento sumamente efectivo para llevar hacia delante la brutal campaña de guerra emprendida por los capitalistas contra los trabajadores.  Bajo el pretexto de la crisis de la deuda, los capitalistas han logrado volver hacia atrás el reloj del tiempo unos 60 años para los trabajadores, despojándolos de conquistas históricas significativas.

Ninguna cantidad de “negociaciones” revertirá el daño que se les ha hecho a los trabajadores.  El único camino hacia delante para los trabajadores es la lucha revolucionaria por la conquista del poder político en la que el repudio completo de la deuda debe formar parte de sus demandas programáticas.