Acrecienta la crisis política y social en Brasil

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Por Rogelio Acevedo

Desde el año pasado el gigante suramericano se encuentra sumido en una profunda crisis política provocada por las denuncias de corrupción a su entonces presidenta Dilma Rousseff, que llevaron a su eventual destitución. Esa destitución llevó a asumir la presidencia a Michel Temer, un político conservador altamente impopular, quien un año más tarde enfrenta cargos por corrupción, obstrucción a la justicia y asociación a organización criminal.

Estos eventos están enmarcados en la “ola de gobiernos progresistas” que se desarrollaron en Latinoamérica la década pasada, que por sus contradicciones internas se han visto cercados uno a uno por el avance del fascismo (Argentina, Paraguay). Sin embargo, el contexto brasileiro tiene particularidades propias que lo diferencian notablemente de la “revolución bolivariana” en Venezuela.  Este proceso de lucha de clases en Brasil encierra numerosas lecciones para la lucha de las masas trabajadoras en Puerto Rico en lo que respecta a su relación con los políticos liberales y sobre la cuestión del poder. Veamos.

Hay algunas similitudes y diferencias con Venezuela que podemos mencionar brevemente. La principal diferencia entre Brasil y Venezuela es que, el primero es una potencia industrial con un fuerte componente productivo de exportación, mientras que la segunda, es una economía rentista basada en la exportación de materias primas y una alta tasa de importaciones.

Durante el gobierno del PT

Una similitud fue el ascenso al gobierno en 2003 de Luiz Ignacio Lula Da Silva del Partido de los Trabajadores (PT), organización reformista, como una expresión de descontento de las masas ante las condiciones de explotación que sufrían. El PT básicamente se encargó de orientar y subordinar la política de sectores de la clase obrera hacia las instituciones del Estado burgués. Se inició bajo su mandato un proceso de reformas sociales y de redistribución de la riqueza, pero que no llegó a plantearse, ni establecerse como un modelo de capitalismo de Estado. Es decir, que se mantuvo el modelo de Estado que habían heredado de la dictadura militar durante la década de 1970. En cambio Venezuela tuvo una “refundación” de su “IV República”, en la que se introdujeron las reformas proyectadas para el proceso bolivariano, que en esencia dejaron intacto el control y el poder de la burguesía y sus instituciones.

El alcance de las reformas que se implementaron tuvo el impacto de triplicar el ingreso per cápita de aproximadamente 28 millones de personas entre 2000 y 2011. Esas “radicales reformas de redistribución de la riqueza” que hizo Lula en los campos de salud, educación, empleos, entre otras, solo sirvieron para renovar el campo favorablemente a la inversión nacional y extranjera. Estas reformas crearon las bases para una renovación de la base técnica del aparato productivo nacional, en particular en los campos de la aeronáutica, armamentos, electrónicos y alimentos. Estas eran requisito para la implantación del modelo de capitalismo “nacional”, que requiere una expansión del mercado para los monopolios nacionales.  En términos económicos, esta es la contradicción fundamental para los monopolios nacionales y todo proyecto de capitalismo nacional.  Es decir, el PT no se “embarcó” en un proyecto de mejorar el nivel de distribución de la riqueza por benevolencia, sino para expandir el mercado nacional. Este proceso trajo un renovado impulso en la inversión extranjera en todos los renglones productivos principalmente la manufactura y los servicios.

Al crearse estas condiciones favorables para el capital, los niveles de explotación de las masas aumentaron considerablemente si tenemos en cuenta su espectacular ascenso del PIB durante esos años, haciendo a Brasil un país altamente rentable para los capitalistas “nacionales” e internacionales. Es por esto que la burguesía brasileña y el capital internacional toleraron el mandato del PT bajo Lula, ya que además los beneficiaba con condiciones beneficiosas en el aspecto contributivo y a la vez mantenía en cintura al movimiento popular de cualquier intento de transformar las estructuras políticas existentes.

El aspecto de la tierra ha seguido siendo un problema social de primer orden, que a pesar de que para 2013 Dilma Rousseff planteó una reforma agraria, se mantiene un patrón de una cada vez mayor concentración de la tierra por monopolios agroexportadores, industrias madereras. Esta supuesta reforma agraria fue un aguaje para calmar la agitación social que ha generado este tema por los desplazamientos de cientos de miles de campesinos, así como el asesinato de otros miles a manos de grupos armados pagados por latifundistas.

El escándalo de Petrobras y Odebrecht

Durante el “mandato” de Rousseff, se cometieron una serie de actos de corrupción que la derecha supo aprovechar muy bien. Estos se basaron en el despilfarro de miles de millones de dólares de la empresa semi estatal Petrobras para sobornos en un esquema de corrupción que ha salpicado a políticos de varias tendencias. En la operación de la fiscalía brasileña Lava Jato que abarcó los años 2004-2012, se destapó un esquema que justificaba contrataciones de empresarios nacionales para la construcción de infraestructura de Petrobras bajo el programa Compre Nacional de la presidenta Rousseff.

Este consistió en que las mayores constructoras del país, destacándose Odebrecht, sobornaban a políticos y directivos de Petrobras para asegurarse millonarios contratos con la empresa. Estos sometían cotizaciones infladas a un 3%, monto que se utilizaba para el sostenimiento de la operación. Este esquema corrupto tejió una compleja madeja de involucrados no solo en Brasil, sino también en otros países como Panamá, Colombia y Perú, y que le costó al pueblo brasileiro cerca de $8 mil millones.

Temer: fin del reformismo

Es dentro de este podrido ambiente político que se dan; la acusación y posterior destitución de Rousseff, las acusaciones contra Lula y la más reciente saga de Michel Temer, quien fue grabado apoyando el soborno del entonces presidente de la cámara baja Eduardo Cunha. Actualmente Cunha cumple una sentencia de 15 años por cargos relacionados a este caso y fue, junto a Temer, quien dirigió la ofensiva para destituir a Rousseff. Mientras los sectores oligarcas y burgueses hacían fiesta, se desarrollaron numerosas movilizaciones masivas en las principales ciudades denunciando la corrupción, el aumento en el transporte público, el despilfarro para el mundial del 2014 y además reformas al sistema político.

La destitución de Rousseff lo único que hizo fue acelerar la imposición del paquete de nuevas medidas de austeridad que poco a poco había ido implementando del gobierno del PT y que con la llegada de Temer se aplicarían con el rigor acostumbrado. Estas siguen la receta aplicada en otros países de apoderarse de los fondos de pensiones y de imponer una reforma laboral. Estas medidas han sido repudiadas por amplios sectores populares con numerosas y constantes protestas que han ido escalando en proporción a los niveles del escándalo de corrupción que se ha destapado.

Un aspecto importante es que desde 2011 el modelo de reformas implementado por el PT comenzó a dar claras señales de agotamiento, entrando finalmente en recesión en 2015. Los principales factores fueron la caída en los precios de las materias primas y la desaceleración de la economía China, uno de sus principales socios comerciales. Esta recesión y la sombra de quiebra del Estado, han provocado que la burguesía brasileña busque crear mejores condiciones de rentabilidad aplicando nuevas medidas sobre la explotación del trabajo y los sistemas de pensiones.

Lecciones de este proceso

Al igual que el caso de Venezuela, el aumento de las luchas de clases en Brasil se da estrictamente dentro del marco de explotación capitalista. Esto responde a una realidad que los reformistas siempre tratan de disfrazar y ocultar con nombres rimbombantes (Socialismo del siglo 21, revolución ciudadana, etc) pero que no tocan en lo mínimo la subordinación del trabajo al capital.

En ese sentido, las masas obreras en Puerto Rico no podemos poner nuestras esperanzas en los politiqueros liberales que solo buscan desviar nuestras aspiraciones revolucionarias por el barranco de las reformas. Han demostrado una y otra vez que las propuestas que plantean sirven solo a los intereses de sus amos capitalistas y conducen al pantano de la corrupción y el saqueo de los bienes públicos.

La clase obrera debemos desarrollar la conciencia de que solo organizándonos para la lucha política independientemente de otras clases, podremos ver nuestros intereses verdaderamente representados. Que solamente con la toma del poder político, la destrucción de las instituciones de poder la burguesía y la nacionalización de sus medios de producción podremos construir un régimen que sirva a las necesidades y aspiraciones de las mayorías desposeídas. Ese proyecto solo podremos construirlo apoyándonos en nuestro propio esfuerzo.

¡Construyamos consejos obreros!