Un paralelo histórico innegable

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Por: Carlos Borrero

El 19 de febrero de 1942, hace 75 años, el presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt, firmó la infame orden 9066 que clasificó a ciertas áreas dentro de EEUU como ‘zonas de guerra’ y, junto con la orden 9102 firmada unas semanas después, sentó las bases para la detención y el internamiento de personas de origen japonés que residían en EEUU.  Estas órdenes resultaron en la detención y hacimiento de 120.000 personas de origen japonés – además de las deportaciones de personas de ascendencia italiana y alemana – dentro de una red de campos de concentración principalmente por la costa oeste de EEUU.  La mayoría de las personas detenidas eran ciudadanos estadounidenses.

La justificación usada por la clase dominante estadounidense para este flagrante asalto a los derechos democráticos fue la segunda Guerra Mundial aunque la orientación política manifestada por la abrumadora mayoría de estas personas era a favor de los Aliados en el conflicto entre las potencias capitalistas.  Sin embargo, es imposible separar este ejemplo reprobable de xenofobia del contexto más amplio de ataques llevado a cabo en contra de toda la población trabajadora.  Lo que muchos olvidan es que aquella campaña anti inmigrante formó parte integral de una campaña amplia y prolongada de ataques contra el movimiento obrero en general y en particular contra su vanguardia comunista la cual instaba a la población a oponer la guerra capitalista.

Desde el Temor Rojo de los 1920, los intentos de subordinar los sindicatos a elementos burgueses en los 30, la imposición del Acta Hatch en 1939 y el Acta Smith en 1940, hasta la purga de los comunistas del CIO (Congreso de Organizaciones Industriales) comenzada a mediados de los 40, la relación entre los ataques contra inmigrantes y la promoción del chauvinismo étnico y nacional, por un lado, y la intensificación de los ataques contra la clase obrera en general, por el otro, es innegable.  Esta relación se estrecha como producto de la crisis internacional del capitalismo la cual invariablemente provoca la escalada militar entre potencias y amenaza con arrastrar al mundo hacia otra hecatombe.

Los paralelos entre esta historia de hace 75 años y la situación contemporánea son indudables.

Hoy día, más que nunca, la reorganización de la clase obrera internacional se hace urgente.  El Partido Comunista de Puerto Rico hace un llamado a las masas trabajadoras a rechazar el veneno chauvinista promovido por las clases dominantes.  Instamos a los trabajadores a que precipiten su reorganización en consejos obreros, independientemente de los partidos y políticos capitalistas, como primer paso hacia la toma del poder y la transformación socialista de la sociedad.