Por la vanguardia unida de los trabajadores del mundo

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Por Orlando González Claudio

Carpintero/ Ex prisionero político

 

“Sólo a través de la organización y de la lucha sindical comienza la clase obrera a cobrar conciencia de su  condición de explotada dentro de la sociedad, primero,  y, segundo, de su fuerza, por la sencilla razón de su  número. Por eso se define a los sindicatos como escuelas de lucha. Y eso es el movimiento obrero cuando  su dirección está en manos de verdaderos hijos de la clase obrera.”

César Andreu Iglesias

 

El estado burgués pone a disposición del capital todos sus recursos humanos y económicos para el desarrollo y crecimiento de su ideología: se educa para el capital, se promueve el desarrollo de tecnología científica para el capital; las investigaciones, los descubrimientos tecnológicos y la creación de nuevas formas de producción son fomentadas en función del crecimiento del capital. Así encontramos como todos los descubrimientos de producción y armamentistas, los esfuerzos dirigidos al desarrollo de las comunicaciones y el control de masas, la tecnología aplicada al comercio, la agricultura y la producción industrial son parte de este esquema de desarrollo del capital.

A través del desarrollo científico, de la tecnología computarizada, del desarrollo de la producción agrícola por medio de productos transgénicos, de la clonación y de la nanotecnología entre otros, el capital  crea y se mantiene desarrollando  formas de producción que van reduciendo la necesidad de mano de obra a la misma vez  que logran mayor producción.  Cada día más y más obreros son desplazados de sus fuentes de ingresos. Más aun, en aquellas áreas donde no se precisa tanto de la tecnología y donde podrían quedar espacios de producción para el obrero, esto se ve constantemente amenazado, ya  que las industrias se mantienen moviéndose de un país a otro buscando mano de obra más barata.

Todos los días nos están hablando de la crisis económica mundial y sus repercuciones en nuestra nación. ¿Es real esa crisis? ¡No! Las empresas capitalistas del mundo industrializado informan pérdidas buscando reagruparse en monopolios internacionales,  pero esas supuestas pérdidas, no son otra cosa que la reducción de las ganancias de acuerdo a sus proyecciones. Sin embargo, sabemos de la enorme acumulación de riquezas por parte del capitalismo mundial. El capitalismo, para su crecimiento económico, busca del trabajador mayor rendimiento con menos paga. El capitalismo además, necesita que los recursos del gobierno vayan a parar a sus arcas para el crecimiento de su capital, y el financiamiento de las guerras de expansión imperialista.

Nosotros los puertorriqueños no estamos ajenos a esta ingerencia del capital mundial en los asuntos gubernamentales, en pro de su beneficio. Un ejemplo de ésto es la devaluación de los bonos, que no es otra cosa que una estafa más para el pueblo; el propósito real es aumentar los intereses,  para así, el capital o los bonistas, obtener mayores ganancias a cuenta del recaudo del fisco

¿Qué participación  tenemos los trabajadores? El estado burgués (y el sistema político que tiene a su disposición) no permite a los trabajadores una  participación real en las decisiones que tienen que ver con la política y la economía. Esta participación se limita a emitir un voto cada cuatro años por unos partidos políticos que representan los intereses del capital. Los líderes de estos partidos responden  al estado burgués y no a los trabajadores. A los trabajadores no se les permite la discusión y toma de decisiones que tengan que ver con los asuntos políticos, económicos, de salud, educación, medioambiente, recursos naturales, derechos nacionales, costo de vida e impuestos. Para los trabajadores no existe democracia de ninguna índole.

Los partidos oficialistas son parte de la manipulación para hacer creer a la clase trabajadora que tienen participación en los procesos democráticos, la realidad es que están ahí para garantizar el estado burgués. El estado de derecho burgués le garantiza al capital la  implementación de leyes para el control de las luchas laborales, violentando los derechos económicos y financieros, entre otros, de los trabajadores. Las leyes  laborales y las leyes que permiten la sindicación de los obreros,  están diseñadas, no sólo para proteger el capital sino además para dividir al movimiento obrero.  La Ley Taft Hartley, la Ley 130 y la Ley 45 son leyes extremadamente limitantes y retrógradas.

En la Ley Taft Harley (para empresas privadas) no hay espacio para el desarrollo de una infraestructura económica del sindicato. Los trabajadores no pueden crear capital para invertir en su propio beneficio. Otra limitación de esta Ley es que el gobierno federal puede decretar que una huelga es ilegal, por “seguridad nacional”, y  eliminar la certificación de la Unión. La Ley 130, que permite la sindicación de los empleados de las Corporaciones Públicas, le permite al capital la fragmentación de los talleres y mantiene a los trabajadores desunidos. Puede haber diferentes sindicatos en contracuña, debilitando la lucha obrera y facilitando al patrono el adelanto de su agenda. La Ley 45 , que autoriza la sindicación de los empleados públicos es una ley limitante que no permite el derecho a la huelga, ni la participación de los empleados en decisiones vitales que les afectan.

La pérdida de  derechos laborales en las últimas décadas ha sido nefasta para la clase trabajadora. La llamada reforma laboral no ha hecho otra cosa que restarle  a los trabajadores derechos que habían sido conquistados en sus luchas históricas. Tomemos por ejemplo el “tiempo flexible”. Esto no es otra cosa que una trampa del patrono para no tener que pagar horas extras y eliminar la importante conquista de la jornada de 8 horas, por la que los trabajadores celebramos el 1ro de mayo. Otra trampa es la Ley 180 que permite el despido de los trabajadores sin razón justificada, aun en talleres donde se había luchado en convenio colectivo la permanencia del empleado, y pasando por encima el proceso de arbitraje.

¿Y qué hacen algunos sectores del liderato sindical? En los últimos años es común escuchar el llamado de “Paz Laboral” y “Cumbre Social”. Esto no es otra cosa que el sometimiento de los mejores intereses del trabajador, por parte de sus propios líderes, a los banqueros, industriales, comerciantes, desarrolladores, y al propio gobierno. Estos mal denominados líderes sindicales conforman, fomentan y expanden el sindicalismo amarillo. Esto es lo primero que tenemos que erradicar. Este es uno de nuestros principales problemas en este momento de la lucha obrero sindical.  Ya es hora de unirnos para desenmascarar a estos supuestos líderes obreros que forman parte de una conciencia antiobrera y que se han aliado a los turbios manejos burgueses. Estos pseudolíderes le juegan el juego a los capitalistas, en beneficio de sus propios intereses,  traicionando a la clase trabajadora y dejándola desamparada.

Los líderes obreros que han mantenido la capacidad para enfocar su acción  en las verdaderas luchas, deben ahora tomar conciencia y unirse, para concentrar toda su energía en el desarrollo de una vanguardia proletaria que se conecte a la defensa proletaria mundial y que combata de manera decidida los males del capitalismo y el neoliberalismo. Debemos percatarnos de que estamos ante un capitalismo voraz, sin escrúpulos, sin respeto a las naciones y en constante amenaza al medioambiente. Debemos darnos cuenta de que día a día vamos perdiendo terreno en las grandes conquistas históricas del proletariado a nivel mundial.

Recordemos que en el pasado colonial las metrópolis colonizadoras coartaban el desarrollo político y económico de sus colonias. Luego de grandes luchas contra el colonialismo se fueron formando estados con todos sus derechos de naciones libres. Se crearon los derechos internacionales y formas de protección a las economías de estas naciones; claro, siempre a la sombra de las grandes potencias económicas. Con el surgimiento de la teoría marxista y la revolución rusa de 1917, y finalizada la segunda guerra mundial, surgieron los dos grandes polos económicos: el bloque socialista y el bloque capitalista. Estas fuerzas en pugna trajeron elementos reivindicativos para los pueblos, pertenecieran o no a alguno de estos bloques.

Con la caída del bloque “socialista”, y no teniendo el capitalismo gobiernos en contrapeso, comienzan a perderse los derechos adquiridos. El capitalismo, no habiendo competencia, crea un concepto de economía neoliberal que va socavando los derechos soberanos de los pueblos. El capital pasa a ser el nuevo “colonizador”. La implementación de nuevos acuerdos “internacionales”, como los tratados de libre comercio lo que han hecho es llevar a grandes sectores de la humanidad a hundirse más en la pobreza.

Los pueblos, de manera organizada, han combatido estas prácticas capitalistas. Se han manifestado de manera democrática, y masivamente han repudiado el neoliberalismo. Un ejemplo de ello han sido las luchas contra la entrega al capital de los patrimonios nacionales, como fue la lucha contra la venta de la telefónica en el caso nuestro. Ninguno de estos reclamos genuinos se han respetado. La masificación de la lucha, que no es otra cosa que un ejercicio de la participación democrática de los pueblos, ha sido consistentemente bloqueada y reprimida.

Ante esta ofensiva del capital se hace vital e inminente una reestructuración de la lucha obrera, encaminándola al desarrollo de unos cambios más amplios de índole político y socia,l que nos lleve a una transformación total del sistema sociopolítico imperante. Esta reestructuración debe comenzar con un sindicalismo que garantice la democratización de las organizaciones obreras. Se tiene que acabar con el casiquismo y con el elitismo sindical para que se pueda garantizar una verdadera participación democrática de los trabajadores. Los trabajadores deben estar capacitados en lo que es participación democrática directa. Esta capacitación estaría dirigida al crecimiento de éstos en pro de sus intereses de clase; y debe ser lo suficientemente consistente y sistemática como para garantizar un flujo real y efectivo de líderes,  y una participación masiva de los trabajadores.

Los sindicatos, además, dejando a un lado la visión amarillista, han de ocuparse de otros grupos necesitados de organización, y no concentrarse únicamente en aquellos talleres que les sean atractivos en término de su alto volumen de cuotas. Debe haber mayor acercamiento organizacional con los empleados de pequeñas industrias, comercios, agricultores, obreros desempleados y estudiantes obreros, de tal manera que éstos puedan encontrar en el sindicalismo alternativas de crecimiento individual y colectivo; y a la misma vez, y de manera recíproca, el sindicalismo se nutriría con la integración de estas nuevas voluntades.

Otro aspecto importantísimo de esta reestructuración para un nuevo sindicalismo es que éste tiene que ver que, más allá de las necesidades del taller, los obreros tienen necesidades propias en sus comunidades. La capacitación tan necesaria de los diferentes cuadros, tanto de dirigentes como de base, también debe estar orientada a lograr la inserción del sindicato en las luchas comunales, como serían  por ejemplo, las de índole ambiental, cultural, estudiantil, políticas, económicas y de utilización de los recursos. No se iría tras los elementos de altruismo filantrópico (que funcionan como parches y calman algunas conciencias) sino más bien tras una inserción real y efectiva del trabajador en la consecución de una mejor calidad de vida, de manera integral para todos en la comunidad.

En este punto, de una inserción real y efectiva en los asuntos de la comunidad, los sindicatos ya podrían comenzar a visualizar la creación de una infraestructura económica que permita crear fuentes de empleo en respuesta a las necesidades de esas mismas comunidades. Estos proyectos podrían ir poco a poco desarrollando una economía paralela que eventualmente desplace al capitalismo neoliberal, con su afán de lucro empresarial e individual y los males que esto acarrea; y que esta economía paralela garantice solamente el beneficio de los trabajadores y del pueblo. En la consecución de estos fines sería necesario concertar alianzas con la pequeña burguesía nacional patriótica, con los comerciantes, agricultores, profesionales e intelectuales, encaminando estas alianzas al beneficio común.

Por último, es necesario señalar que, para un verdadero y decidido cambio y fortalecimiento sindical, que permita a los trabajadores tomar las riendas del destino político y económico del pueblo, se hace necesario concertar acuerdos, además, con los sindicatos americanos e internacionales sin permitirle a éstos ingerencias indebidas en nuestros asuntos, cortándole así el paso al colonialismo sindical. La solidaridad de clase, tanto con los sindicatos americanos como con la vanguardia obrero internacional, debe estar sostenida por la mutua colaboración y respeto.

Como nación en lucha hacia nuestra autodeterminación e independencia, todas estas alianzas,  tanto internas como externas de la fuerza sindical permitirán a los trabajadores, como clase, crear un frente de poder político y económico que pueda dirigirse, en solidaridad con los trabajadores del mundo, hacia la consecución de un concepto de producción sin la destrucción del ambiente; y que de una manera razonada y razonable, se oriente esta economía global, hacia una que garantice no solo la sobrevivencia del planeta, sino además el bienestar general para todos sus habitantes.

Mas allá de que las utopías no puedan dejar de ser lo que son, lo verdaderamente importante es encaminarnos hacia ellas con una visión positiva  y, en el logro de cada una de las metas, ha de irse concertando la historia de una humanidad que se ama a sí misma.

CONCIBAMOS UNA VANGUARDIA UNIDA  DE TODOS LOS TRABAJADORES DEL MUNDO