Lo ridículo de la crisis

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Por Guaika

Es sorprendente escuchar que una crisis económica pueda deberse a la existencia en abundancia de un recurso.  Cualquiera en estos días, escuchando con tranquilidad las noticias debe haberse sentido confundido al no tener claro cuál es el problema.  ¿Cómo puede ser un problema que exista un exceso de crudo?, ¿cómo se pueden desechar productos de primera necesidad clasificándolos como “excedentes”?  Es irónico escuchar en los medios a los economistas explicar cómo es que ésto es un problema puesto que se abaratará el costo de los productos y los dueños o inversionistas, o no se entiende bien quiénes, no podrán recuperar lo invertido y pagar por sus préstamos y enriquecerse en ese pequeño círculo del cual nosotros, los trabajadores y trabajadoras nunca participamos.

Entonces podemos tener la sensación de no entender muy bien de economía, porque resulta hasta contradictorio. En realidad es en estas contradicciones en donde se evidencia claramente la realidad de la economía capitalista.  Esta “competencia” entre propietarios (o apropiadores) de los bienes por tener mayores ganancias se convierte en un juego de nunca acabar, en un ansía desmedida de poseer, en una trampa destructiva que lleva sin remedio la economía a una crisis inevitable.  Es ofensivo escuchar que se plantea como problema que el combustible pueda abaratarse y de igual forma que exista una investigación contra la AEE debido a la compra a sobreprecio de este producto.

caidadel crudo

El modelo económico capitalista representa en sí mismo todas las características que nos enseñan a rechazar desde la infancia, todos esos antivalores que nos repiten son contraproducentes: el egoísmo, el egocentrismo, la avaricia, la hipocresía, la deshonestidad, la falta de solidaridad, la trampa, el engaño, el robo.  Pero para los dueños, para los que controlan el poder las reglas son diferentes, ellos pueden robar, pueden mentir, tienen permiso para quedarse con el producto del trabajo ajeno.

No podemos dar por sentado que la realidad que enfrentamos es natural o inmutable, no lo es. Esta posición nos mantendrá, como clase, en la situación de opresión y desventaja en que nos encontramos.  Cruzarnos de brazos y lamentarnos representa una respuesta cobarde y cómoda al problema.  Debemos sacudirnos, y con valentía y dignidad, educarnos, organizarnos y levantarnos para reivindicar a nuestra clase.  Nosotros los trabajadores y trabajadoras, los que producimos con nuestro esfuerzo los bienes, somos la gran mayoría de la población, tenemos la fuerza, el poder y la capacidad de destruir esta realidad absurda y construir con voluntad una sociedad justa.