Descomposición de Syriza tras renuncia de AlexisTsipras

Por Carlos Borrero

La dimisión de Alexis Tsipras, líder del partido gobernante en Grecia, junto con la disolución de su gabinete y la separación de la facción ‘Plataforma de Izquierda’ para convertirse en una nueva agrupación llamada Unidad Popular, marca una etapa avanzada en la descomposición de Syriza.  La decisión permite tres días a los tres más grandes partidos en Grecia para intentar formar un nuevo gobierno antes de que se convoquen elecciones ya pautadas tentativamente para finales de septiembre.

 

Esta movida representa el colmo del cinismo.  Después de facilitar la imposición de una nueva ronda de medidas de austeridad aún más brutales sobre las masas griegas, el cálculo político de los dirigentes de Syriza es aprovechar de la popularidad que le queda a Tsipras a corto lazo para formar una nueva coalición gobernante en que se quitará toda la fachada de radicalismo que ostentaba Syriza durante su ascenso.  La dirección de Syriza entiende muy bien las consecuencias sociales del acuerdo que firmó además de la resistencia obrera que se va formando por lo que está aceptando abiertamente su papel ‘ejecutores’ de los dictámenes del capital financiero.  La  llamada ‘resistencia’ de la vieja facción Plataforma Izquierda, que en realidad siempre fue más simbólica que sustantiva, y que ahora se convierte en un Partido independiente le quita cierta ‘incomodidad’ a la dirección de Syriza.   De seguro la máquina propagandística de Syriza representará a ex miembros de su Partido como Panagiotis Lafazanis, el líder del nuevo Unidad Popular, como poco pragmáticos.  Por lo tanto Syriza ha cumplido su función, al menos temporalmente, de desorientador a los amplios sectores de las masas griegas.  Pero de que esto sea sólo una situación temporera, se puede estar seguro.

 

Desde Puerto Rico, es preciso señalar que el Partido Comunista de Puerto Rico, a través de su órgano de prensa Abayarde Rojo, fue la única organización que advirtió sobre la predecible traición de Syriza, además de su inevitable descomposición debido al carácter inestable de esta agrupación pequeñoburguesa.  La exactitud de su análisis confirma la validez de su perspectiva marxista.

 

Pero más importante aún es la bancarrota política de quienes, como los Muriente y Bernabé, que instaban a los puertorriqueños a inspirarse en el ejemplo de políticos pequeñoburgueses como Tsipras en Grecia o Iglesias en España.  Estos proyectos populistas, orquestados por políticos demagogos no pueden resolver los grandes retos que enfrentan las masas obreras.  Los homólogos puertorriqueños de estos grupos se enredarán en todo tipo de invento para ofrecer una explicación de los acontecimientos recientes.  La conclusión del proletariado revolucionaria, sin embargo, es más clara: sólo una formación proletaria revolucionaria, guiada por el socialismo científico, puede resolver los grandes problemas de la sociedad puertorriqueña.

 

 

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