El amor revolucionario: el más profundo

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Por Guaika

Recuerdo con un poco de vergüenza, siendo una niña tener pesadillas protagonizadas por el monstruo del comunismo y tener miedo de levantarme de la cama pensando que el mismísimo Fidel esperaba debajo para arrastrarme por los pies hasta la temida Cuba comunista. No hay duda de que el miedo, junto a la desinformación y los medios de comunicación, son algunas de las más efectivas herramientas con que cuenta el sistema capitalista bajo la dictadura de la burguesía para perpetuar su dominio.

Con Fidel y el Che, hasta la victoria ¡Siempre!

Vivimos en una dictadura asumida por la mayoría como ley y realidad natural. Nuestra sociedad funciona bajo un régimen dictatorial en el que unos pocos acaparan los bienes explotando a la clase trabajadora, mayoritaria y desposeída. Ya desde muy temprano el sistema se encarga de moldear al ciudadano para que funcione dentro del régimen existente y lo perpetúe. El sistema educativo de la clase dominante impone un currículo en el que se promueve la competencia desmedida, característica fundamental del sistema capitalista. La enseñanza formal penaliza la solidaridad y la cooperación de forma institucionalizada. Es en este entorno que aprendemos a ser, a amar a medias, de forma limitada por el interés personal.

Utilizando estas mismas herramientas se ha impuesto en el inconsciente colectivo la idea de que en una sociedad comunista el individuo deja de importar, deja de existir como individuo y desaparece como absorbido por el Estado. Constantemente escuchamos a las personas hablar con miedo sobre el comunismo, igualándolo a una dictadura cruel y carente de humanidad. Hasta se utiliza el término comunista como un insulto. Pero, ¿a qué aspiramos los comunistas?, ¿cuál es la propuesta real? La respuesta es sencilla, una sociedad sin clases donde prevalezca por encima de todo el amor más genuino al que se puede aspirar.

Bajo la dictadura de la burguesía, la mayoría de los seres humanos nacen condenados a vivir en la miseria, pues cualquiera podría aspirar a las riquezas pero sólo unos pocos las alcanzan. No podemos olvidar, aunque no recordemos quien lo dijo, esa fresca frase “such is life” para resaltar que hay quienes tienen derecho a disfrutar de los bienes que la sociedad puede ofrecer y hay otros que sólo pueden trabajar para desarrollar esos bienes y sobrevivir.

Bajo la dictadura de la burguesía el producto del trabajo humano, los inventos, la tecnología, tienen dueño, tienen precio. Hemos sido capaces de desarrollar tecnologías inimaginables, pero no de ponerlas al servicio de todos. Quién no ha tenido que escoger entre comprar la medicina o pagar la luz. La prensa recientemente nos indica que el tratamiento médico dependerá del seguro que pueda costear el individuo, pues los que tengan un seguro del gobierno pasarán por un injusto cedazo de prueba y error antes de que se le ordene algún examen, que con un mejor plan de salud sería indispensable.

Agentes de Wall Street
Rostros de la dictadura del capital: Miguel Ferrer  y Alberto Bacó.

Bajo la dictadura de la burguesía, el que tiene el dinero domina los gobiernos, reparte el dinero de nuestro trabajo y queda impune. No debemos olvidar como la UBS con completo conocimiento, favoreció inversiones de alto riesgo evidentemente desfavorables y como resultado los trabajadores debemos pasar una vejez de miseria pues los mismos que disfrutan del desfalco señalan a nuestros sistemas de retiro como la solución al problema. No sólo eso, para colmo al protestar utilizan sus medios de comunicación para tildarnos de poco solidarios e inconscientes por no estar dispuestos a ceder y colaborar con la sociedad en tiempos de dificultad económica.

En la dictadura de la burguesía escogemos cada cuatro años de entre los candidatos que la misma burguesía apoya y que sólo a ella representarán. Para luego verlos protegidos detrás de los muros de nuestros monumentos esperando a que sus esbirros terminen de apalearnos, si es que osamos protestar contra el alza en la matricula o la imposición de un impuesto.

En la dictadura de la burguesía el trabajo es esclavitud, es dolor, es imposición. Se enaltece la pobreza como virtud, pero aun no vemos a ningún poderoso que se nos quiera unir. Como es posible que la suerte dicte la cuna en que se nace y dependiendo de la que vengas será la educación, salud, seguridad a la que tengas acceso. ¿Será que el que tiene más ha trabajado más?

La sociedad comunista a la que aspiramos quienes trabajamos por la justicia y la equidad, la construiremos sobre las bases que heredamos de la actual sociedad y tomará el tiempo que sea necesario para desarrollarse. Es imposible definirla en su totalidad, pero tenemos claro que en ésta todos los seres humanos disfrutarán del fruto de su trabajo y de los bienes existentes. El trabajo será una herramienta que nos producirá satisfacción y nos transformará constantemente, ya que el producto del mismo estará a la disposición de todos los miembros de la sociedad. Como bien lo expresara el Che, éste ya no implicará “dejar una parte del ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social”. Para la construcción de esta sociedad se requiere de hombres y mujeres nuevas, conscientes de las ideas burguesas que forman parte de nuestros entendidos y dispuestos a desprenderse de ellas, este ser humano nuevo estará guiado por profundos sentimientos de amor, por un gran sentido de humanidad, de justicia y verdad.

Ya no tengo pesadillas.