Combatir la violencia de género es un adelanto, la revolución social es el gran paso.

Por : M.A.O

Las diferentes trasformaciones desde el surgimiento de la Revolución Capitalista en Puerto Rico  muestran reformas específicas en las jornadas laborales de las mujeres en las empresas capitalistas.   Sin embargo, sus deformidades dejan a la luz una explotación incrementada cada vez que el capital busca respirar en la colonia,  impulsando a un  69% de las mujeres puertorriqueñas en  2011,   a la necesidad de inscribirse en las ayudas del Programa De Asistencia Nutricional (PAN). La prensa burguesa ha tenido que reconocer  que las personas beneficiadas de este  tipo de ayuda, son parte de la clase obrera con pobreza salarial o  simplemente están  desempleados.  El 55% de las mujeres, son jefas de Familia y viven bajo niveles  de pobreza. En estas condiciones las mujeres obreras del país ven como sus hijos/as crecen en condiciones infrahumanas y los acompañan  en el sufrimiento, la  desesperación y precariedad del desempleo. Así reproducen la reserva de obreros/as que se ven obligados a canalizar la   venta de  su fuerza de trabajo en una empresa avalada por el orden social o se ven seducidos por la venta de fuerza de trabajo en la economía informal.  Dato revelador demuestra que el perfil de los jóvenes que entran en el negocio de las cárceles del país, provienen de hogares con mujeres jefas de Familia donde su único ingreso es el de la asistencia social. Un 38% de estas mujeres jefas de familia estaban desempleadas en el 2013. ¿Cómo pueden las mujeres jefas de familia criar su prole así?

En el 2013, 162,000 mujeres estaban empleadas en trabajos de servicio. La mayor parte de los trabajos de servicio son a tiempo parcial. Miremos los datos del Departamento del Trabajo que revelan que para junio 2014 116,000 mujeres estaban empleadas en trabajos de menos de 35 horas semanales.  La forma en que el sistema capitalista colonial lleva  a las mujeres a buscar sus necesidades primarias se  ha complicado.  Así lo evidencia   la aprobación de  la ley 7 donde  17,000 trabajadoras quedaron en la  calle.  Tres alternativas sirvieron de aliento para acoger la realidad material de las trabajadoras: 1. Venderse por un salario pobre ante el capital privado; 2. Aumentar   las capas pobres  de la clase trabajadora puertorriqueña; 3. Emigrar al extranjero y explotarse en cualquier empresa del capital trasnacional.

Cada vez  más la empresa privada se  llena de prestigio frente a nuestro pueblo.  El sector privado acumulaba una fuerza de trabajo femenina  que en  junio 2014 era 227,000. De los últimos reportajes del  periódico cibernético Sin Comillas hay un  titular que lee: “El sector privado creo 5,000 empleos en agosto”.  ¡Como gozan los capitalistas con tanta fuerza de trabajo y como se preparan para más!

En su afán de acumulación el capital va haciendo su espacio para obtener un ambiente propicio para retener mano de obra barata. ¡Es lo que busca en todas partes! Y donde no hay variedad de recursos económicos como en los países sin altos niveles industriales, se las juega más frías para explotar a cualquier medida  a la clase obrera.  Le tiene sin cuidado  el tiempo de trabajo que emplean  las  trabajadoras para conseguir sus medios para vivir.  Salen ahora  dos indicaciones interesantes. Por un lado  anuncian que se  aprobaron   $2.9 millones de dólares   en Fondos Federales a  más de 10 residenciales públicos del área oeste, pero por otro lado presentan los posibles incrementos   en  las rentas de  los residenciales públicos. Son las mujeres las que en los últimos años han comenzado a experimentar el problema de la vivienda. El 80% de los servicios de los fondos ARRA los solicitaron mujeres jefas de familia que quedaron desempleadas y se encuentran  en condiciones de empobrecimiento  que impiden mantener a sus hijos/as en viviendas adecuadas. Ante este panorama que presenta como las mujeres tienen que buscar los medios para vivir, podemos ver elementos más complejos del sistema patriarcal de la sociedad puertorriqueña. Ambos géneros están en la misma carrera de lobos para ver quién puede subsistir en donde la canasta básica cada vez se incrementa  mientras se trabaja más y se paga menos.  Los  programas mediáticos de la burguesía exponen a diario problemas superestructurales de la sociedad patriarcal: ¿quién cocina mejor, los hombres o las mujeres?; ¿quién trabaja mejor,  los hombres o las mujeres?; ¿quién es más romántico, los hombres o las mujeres?; ¿quién hace mejor el amor, los hombres o las mujeres?; ¿quién es más atractivo, los hombres o las mujeres?; ¿Quién cuida a los niños/as mejor, los hombres o las mujeres?  Se crea todo un aparato que forma una individualidad a gran escala de la cual el capital sabe muy bien aprovecharse. Esta pelea entre los géneros ha tenido mucha resistencia por parte de las mujeres. Al igual que  le pasa al sistema capitalista que no quiere decaer y resiste ante las amenazas de  los obreros/as,  así mismo le sucede al género masculino (construido por la sociedad patriarcal), palpa su  decadencia ante la resistencia histórica de las mujeres.

La violencia de género es una lucha de clases. Nos topamos con una sociedad pintada ante la imagen del hombre. Esto no surge en la nada, surge  por unos patrones evolutivos que han hecho que la sociedad logre revolucionar los medios de producción.   Desde el comienzo del patriarcado cuando surge la propiedad privada y la llamada civilización, la historia nos relató cómo los actos violentos de los hombres eran justificados para mantener  la familia monogamica, que traía beneficios para la herencia de los hombres y mantiene los privilegios sexuales del hombre. A pesar de  la resistencia, las mujeres siguen siendo atacadas y asesinadas por los hombres. Desde 1989 hasta el 2014 se han reportado 558 asesinatos de mujeres en Puerto Rico.  Del 1992 al 2012 se han reportado 202, 534 incidentes de violencia doméstica.

Espantadas por esta barbarie;  grupos feministas, líderes comunitarias, obreras sindicalistas, revolucionarias, entre otras, han organizado a las mujeres en diferentes instancias de lucha. En el 2001 se creó bajo el impulso de las feministas, la Oficina de la Procuraduría de la Mujer. Vemos movimientos de masas como el Frente Amplio de Mujeres; el Proyecto Matria; Taller Mujer; el Caucus de Mujeres Socialistas del MST; entre otros movimientos que  resisten las arremetidas de la burguesía contra las mujeres obreras. Su trabajo es titánico, arduo y combatiente.  Tales movidas de los diferentes órganos de masa son esenciales. El carácter clasista entre estas filas  es tarea inquebrantable para cualquier movimiento que aspire a comprender la lucha de clases. Nuestra labor como clase en la realidad material actual es influenciar a las masas obreras con ejemplos que no  amparen en  el idealismo ni el ultraizquierdismo, sino que expliquen la posibilidad de un estado gobernado por la clase obrera desde la base real del socialismo científico.

Ver el fenómeno evolutivo de las trasformaciones del modo de producción es un paso adelantado. No todo sistema de producción ha sido capitalista en la historia y mucho menos la mujer ha tenido el rol exclusivo de cuidar por el hogar y sus hijos. Tales formaciones tienen su base en el desarrollo material de la historia de los seres humano. En el antiguo hogar del comunismo primitivo la mujer participaba de la producción social siendo pieza clave para mantener con vida al colectivo. Todo proceso de desarrollo familiar estaba atado al progreso social. Solo hay que destacar un punto clave, la propiedad no era privada, sino común, al igual que todas las riquezas que se extraían de la producción económica. Fueron avanzando los procesos de acumulación de riquezas. Revolucionaron las técnicas en la producción y se hizo más sencillo acumular riquezas.  Los espacios, los medios que producen las riquezas y las familias junto a las mujeres pasaron a ser propiedad privada.   No hubo de otra que subsistir y resistir la monogamia femenina. La mujer paso a ser la que cuidaba la herencia de los hombres, sus hijos, velaba a las esclavas domésticas y le era fiel a su marido. En la relación social de producción capitalista la mujer regreso a la producción social, pero bajo una producción de propiedad privada.  Ahora era la fábrica o el hogar.  La sociedad ya había creado la visión de vida patriarcal y la mujer se volvió la proletaria del proletariado. Su jornada no terminaba en la fábrica, continuaba en el hogar, Doblemente explotada.

Nuestra sociedad capitalista colonial experimenta las gotas finales de esta doble explotación. Países  capitalistas con variados recursos económicos han reformado a gran escala  las disparidades de género. Esto ha costado la sangre de muchas trabajadoras. La realidad material de nuestro continente es opuesta a la forma en que se desarrollaron los demás países capitalistas. Nos toca formar un bloque científico socialista  para echar andar  la sociedad comunista  que estará cargada  de riquezas que serán heredadas y colectivizadas de la sociedad capitalista. Como también será construida verdaderamente la monogamia, porque realmente será compartida entre el hombre y la mujer.

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