Otro caso de brutalidad policíaca en Estados Unidos

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Por Carlos Borrero

El brutal asesinato de Michael Brown, un joven negro de 18 años que andaba con un amigo y sin arma de fuego, a manos de un policía en Ferguson, Misuri, un suburbio de la ciudad de San Luis ha provocado una ola de motines populares.  Este incidente sigue otro similar hace varias semanas en que policías de la cuidad de Nueva York usaron una llave de ahorcamiento no autorizado que resultó en la muerte de Eric Garner, un hombre que estaba vendiendo cigarrillos sueltos en la calle.  Estos casos, y otros tantos más, son un recuerdo del carácter brutal del Estado capitalista y el de su fuerza policíaca en particular que se asemeja a una fuerza de ocupación colonial en muchas comunidades obreras, particularmente las en que predominan comunidades afroamericanas.

Testigos afirman que el joven Michael Brown recibió varios disparos después de alzar sus manos en señal de rendición aun cuando su única “ofensa” fue caminar en la calle con un amigo.  Según el amigo que lo acompañaba el sábado pasado, Dorian Johnson, los dos caminaban hacia la residencia de su abuelo cuando se les pasó por el lado un policía en auto quien le gritó, “Get the fuck on the sidewalk” (Súbete a la acera carajo!).   Al no acatar lo suficientemente rápido, el policía entonces les dio con la puerta del auto, salió del mismo y agarró a Brown por el cuello con una mano mientras que amenazaba disparar con la otra.  Un disparo se le zafó en el tumulto lo cual provocó que los jóvenes corrieran y el policía respondió disparándole al joven Brown por la espalda.  Según Johnson, fue entonces cuando Brown se dio la vuelta y levantó las manos para rendirse al que el policía respondió con ocho disparos más.  Encima de este despliegue de salvajismo, el cuerpo sangriento del joven fue dejado en la calle durante varias horas después del asesinato.  El policía, cuyo nombre no se ha revelado, ha sido puesto en licencia administrativa pagada.

La indiferencia temeraria por la vida humana con que la policía a través de muchas comunidades de EEUU actúa es un reflejo del desprecio que tiene la clase dominante y sus representantes políticos para las masas obreras marginadas, especialmente jóvenes afroamericanos.  Al igual que muchas zonas asoladas por la descomposición económica que caracteriza el capitalismo estadounidense contemporáneo, especialmente las dentro del viejo cinturón industrial al que se refiere ahora como “Rust Belt”, San Luis sufre de altas tasas de pobreza y desempleo.  La llamada recuperación económica de la que tanto hablan los defensores del capitalismo estadounidense, y que ha dado lugar a una concentración sin precedentes de riqueza entre los especuladores y los banqueros, ha resultado en el empobrecimiento de la clase obrera y una fuerza policíaca cada vez más brutal y militarizada para reprimir las crecientes tensiones sociales del sistema.  Esto era claramente evidente en la respuesta policial a las protestas legítimas que se desarrollaron después del asesinato.

La complicidad de los representantes políticos de la burguesía en este tipo de brutalidad va más allá de su afán de llevar a cabo una política económica que enriquece al capital financiero mientras que aumenta la desigualdad social.  La asignación de grandes cantidades de fondos federales a miles de municipios a través de EEUU para “modernizar” la policía además de integrarla con las fuerzas armadas como parte del llamado antiterrorismo apunta hacia los preparativos que hace la clase dominante para la escalada de conflictos de clase anticipada.  La clase dominante estadounidense no promueve una política de reconstruir la infraestructura social ni mucho menos asigna recursos para abordar las muchas necesidades de las masas obreras en las áreas de salud, educación y vivienda.  Al contrario, recurre cada vez más al terror de estado para proteger su dominación de clase.  En el caso de Ferguson, se han desplegado cientos de policías antimotines fuertemente armados además de armería pesada incluyendo helicópteros y otros vehículos blindados mientras que impusieron apagones informativos y restricciones de aviones civiles sobre la zona, todo para reprimir a la población amotinada.

La respuesta popular a este brutal asesinato invariablemente ha tomado un carácter racial.  Tal es la historia de EEUU, donde la clase dominante siempre ha fomentado las tensiones raciales para dividir a la clase obrera.  Lamentablemente, esta política junto con el oportunismo sigue debilitando la izquierda estadounidense.  No obstante, EEUU se ha convertido en una importante “vitrina” en la que se puede ver el callejón sin salida al que el capitalismo lleva a la sociedad.