Más importante es lo que no dicen

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Las agencias federales controlan las fronteras de Puerto Rico y por tanto son responsables de la entrada y salida de drogas de nuestro país. Con la excusa de su "guerra contra las dorgas" que ha sido un fracaso absoluto, ha servido para aumentar la militarización en esta región del Caribe.
Carlos Borrero
Especial para Abayarde Rojo Digital

En la edición del jueves pasado, 29 de mayo, del New York Times aparece un articulo bajo el titulo “In Puerto Rico, Cocaine Gets Access To US” la demagogia típica de la prensa apologista. Citando un marcado aumento de las incautaciones de cocaína en el país y las aguas circundantes en los últimos años, la supuesta falta de recursos para combatir el narcotráfico y la correspondiente violencia pandillera que es endémica a Puerto Rico, el informe ignora por completo el contexto social y económico en que surge el problema de la narcomanía en general y el uso cada vez mayor de la isla como un punto de distribución internacional. Lo que no dice el informe es cómo las condiciones de desesperación que engendra el mismo sistema capitalista, incapaz de utilizar todo el potencial productivo de la gente, especialmente la juventud, lleva a tantos a buscar en el tráfico de narcóticos una fuente de sustento.
Las agencias federales controlan las fronteras de Puerto Rico y por tanto son responsables de la entrada y salida de drogas de nuestro país. Con la excusa de su "guerra contra las dorgas" que ha sido un fracaso absoluto, ha servido para aumentar la militarización en esta región del Caribe.
Lo que no dice el informe es cómo la enajenación que alimenta la demanda de drogas es provocada por un sistema basado en la competencia feroz y el espíritu de individualismo que tantas veces lleva a la gente a retirarse a soluciones “escapistas” para hacer frente a las presiones de la vida diaria. Lo que no dice el informe es cómo la yuxtaposición perversa de la inmensa riqueza por un lado y la pobreza e ignorancia por el otro produce formas de psicosis
colectiva que muy a menudo dan lugar a comportamientos autodestructivos. Lo que omite el informe más que nada es cómo el estado burgués y todos los capitalistas se han vuelto partícipes en esta miseria humana la cual resulta en una inmensa acumulación de riquezas para ellos.
¿Quién duda de la corrupción rampante de agentes del Estado involucrados en el narcotráfico? ¿Quién ignora la complicidad de los bancos internacionales ansiosos de sacar su tajada de ese “negocito” por el servicio del lavado de dinero? ¿Quién se cierra los ojos ante la represión que lleva a cabo el Estado en contra de los movimientos reivindicadores además de la militarización de la sociedad en general bajo el pretexto de combatir el narcotráfico? ¿Quién niega las inmensas ganancias de la venta de artículos bélicos a las corporaciones armamentistas bajo el mismo
pretexto? ¿Quién pasa por alto la explotación brutal de los reos una vez detrás de las rejas y puestos a trabajar cada vez más en condiciones que parecen más bien las de servidumbre por contrato? Lo que el capitalismo no está dispuesto a concederle a la juventud bajo condiciones del “libre mercado” laboral, una oportunidad de trabajar, le impone bajo condiciones de servidumbre. ¡La hipocresía de los capitalistas no conoce límite!
La verdad es que el informe del New York Times no es noticia para nadie que se mantiene al tanto de la realidad puertorriqueña. Pero sí representa un acta de acusación contra el capitalismo colonial en particular y toda la sociedad burguesa en general.