Un nuevo barril de pólvora en Asia

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Carlos Borrero

Especial para Abayarde Rojo Digital

El sureste de Asia se está convirtiendo rápidamente en un barril de pólvora. En los últimos días Vietnam ha sido el escenario de violentas manifestaciones antichinas supuestamente debido a un conflicto chino vietnamita sobre las islas Paracelso en el mar del Sur de China. Según varios órganos de la prensa internacional, el reciente traslado de una plataforma petrolífera por la empresa china CNOOC a las aguas de una zona marítima en disputa a sólo 240 kilómetros de la costa vietnamita provocó fuertes confrontaciones entre barcos de los dos países. Esta interpretación de los acontecimientos, sin embargo, refleja el prejuicio de clase común de la prensa burguesa además del enfoque estrecho de sus informes.

Para entender el estallido de furia popular vietnamita que ha recorrido 22 provincias del país y resultado en más de 20 muertos y 100 heridos además de cientos de fábricas incendiadas, hay que ubicarlo en el contexto de la compleja combinación de factores internos e internacionales.

La restauración del capitalismo en Vietnam desde finales de los 80 ha agravado la condición de pobreza de los trabajadores vietnamitas. La desigualdad social y represión de los sindicatos independientes han acompañado a la integración de capitalistas vietnamitas en el nexo de la producción capitalista internacional. Como consecuencia de la política de “Doi Moi” o liberalización económica, la combinación de capital local e internacional estableció varias zonas industriales en que empresas, mayormente extranjeras, podrían explotar mano de obra barata. Como tal, Vietnam en la actualidad forma parte de una cadena global de producción en que los países a la periferia de China sirven cada vez más como centros de producción de componentes para los centros de ensamblaje final chinos. Además del resentimiento de la clase obrera vietnamita por las condiciones del trabajo y los míseros salarios que ganan, la competencia en el mercado laboral, alentada deliberadamente para deprimir aún más los salarios, se ha intensificado debido al influjo de mano de obra migrante de China.

El gobierno de Hanoi, como representante de la burguesía vietnamita, ha sido muy cauteloso en su manejo de la situación. Se aprovecha de la presencia de capital extranjero para desviar el descontento de las masas obreras con una combinación de retórica nacionalista y antichina en que se destaca el conflicto fronterizo de 1979. Son muy conscientes, sin embargo, de la posibilidad real de un resurgimiento de conciencia de clase revolucionaria entre los obreros vietnamitas al margen de las estructuras del partido. Reconocen que después de la ardua lucha por la liberación nacional y la influencia de ideas comunistas en ésta, que una conciencia radicalizada no se puede borrar tan fácilmente de la memoria colectiva de un pueblo.

Fábrica de mano de obra china incendiada durante las protestas alimentadas por la burguesía vietnamita ante la creciente desigualdad generada por la restauración del capitalismo en Viet Nam.

Estas tensiones internas se han agravado por los acontecimientos internacionales. La amenaza a los EE.UU. que representa el ascenso China ha dado lugar a una política consciente de cerco, conocido como el “pivote a Asia”. Una parte cada vez más importante de la estrategia de EE.UU. incluye el aislamiento de China a través de la formación de una serie de alianzas con países de la región, muy menudo aprovechando las tensiones históricas entre éstos y China.

En el caso particular de Vietnam, los capitalistas vietnamitas entienden que una fuerte posición contra China se verá con la aprobación tácita de Washington y puede resultar en acuerdos de comercio preferenciales. El mismo sentimiento ha infectado los lacayos imperialistas en las Filipinas quienes recientemente entregaron a EE.UU. el uso del país para servir como puesto de avanzada militar en el cerco de China. Bajo el pretexto de otra disputa marítima sobre las islas Spratly el acuerdo firmado entre Washington y Manila el mes pasado se llevó a cabo a espaldas de la clase obrera filipina y seguramente con el soborno de fondos de ayuda a raíz del reciente desastre del tifón.

Es con Japón, sin embargo, que las tensiones en la zona son más agudas. Japón ha comenzado el rearme a gran escala, también con el pretexto de la expansión territorial de China. Amparada por la escalada de tensiones marítimas con China sobre las islas Senkaku-Diaoyu, la burguesía japonesa ha acordado abordar su prolongada crisis económica recurriendo a las armas. El gobierno de Shinzo Abe recientemente anunció una serie de medidas, como la reinterpretación de la Constitución para permitir la llamada “autodefensa colectiva”, un concepto que le permitiría entrar en guerras de un aliado que sea atacado, un aumento significativo del presupuesto militar, la compra de material bélico moderno y la reorganización completa de sus fuerzas armadas incluso las industrias militares. Este resurgimiento del militarismo japonés ha estado acompañado por una demagogia patriótica de parte de los representantes políticos de la burguesía japonesa.

Por su parte, el gobierno chino a finales del año pasado declaró unilateralmente una “zona de identificación de defensa aérea” con que requiere la entrega de planes de vuelo a aviones extranjeros antes de entrar la zona aérea de las islas Senkaku-Diaoyu. A esta movida EE.UU respondió poco después con una serie de sobrevuelos de aviones B52 desarmados sin aviso previo como una provocación la cual alimentó las tensiones en el área.

Los gobiernos de Japón, Filipinas y Vietnam han enfrentado a sus masas trabajadoras contra China en un esfuerzo para desviar sus tensiones sociales internas. China es una potencia imperialista ascendente con una clase dominante compuesta, tristemente, por muchos miembros del partido comunista y vinculada al capital internacional. La clase dominante china comparte en la explotación de los trabajadores en China y en el extranjero. Los obreros con conciencia de clase entienden, sin embargo, que los trabajadores chinos son brutalmente explotados por el capital extranjero y nacional. Por lo tanto, son aliados naturales de los obreros de Vietnam, Filipinas y Japón. Los tensiones que existen en la región y los conflictos que provocan son consecuencias de los antagonismos entre potencias capitalistas.

A través del mundo la clase obrera consciente denuncia las maquinaciones de los imperialistas y sus colaboradores para enfrentar un sector de obreros contra otro en beneficio de los capitalistas. También denuncia el uso de la demagogia patriótica de parte gobiernos ostensiblemente revolucionarios que de hecho se han convertido en colaboradores del imperialismo para ocultar los intereses de clase.

En este natalicio del gran revolucionario vietnamita Ho Chi Minh gritamos:
¡Ningún apoyo para los imperialistas! ¡Trabajadores del mundo uníos!