Luchas históricas por la emancipación de la mujer trabajadora

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Abayarde Rojo le dedica Efemérides a nuestra insigne y destacada camarada Gertrudis Meléndez, “Tula”,  quien ingresó al Partido Comunista Puertorriqueño en 1948, y dirigió y coordinó disciplinadamente la sección feminista de este durante los años 1950.  Tula representó al Partido en congresos internacionales en la URSS, Cuba, Vietnam y otros países. Se mantuvo en él hasta el 1991, cuando se disolvió,  y luego regresó, ya anciana, pero con la misma voluntad y convicción de siempre, para participar en las labores de su refundación (Comité Timón para la Refundación del PCPR y Refundación Comunista) desde el 2001, hasta el 2005, cuando falleció. De carácter sencillo, franco y jovial, Tula fue muchos años organizadora obrera y educadora autodidacta en centros fabriles y otros ámbitos laborales. Agradecemos profundamente su aportación a nuestra lucha. ¡Hasta la victoria siempre, Tula!

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora es el símbolo de innumerables historias de luchas, protestas, huelgas,exigencias de equidad, libertad y de igualdad de derechos para las mujeres trabajadoras. Para muchos es un día inexistente (políticos conservadores, extremistas fundamentalistas, machistas…). El olvido institucional se basa en el control de la mujer trabajadora por la burguesía y el sistema capitalista y patriarcal. Su opresión los enriquece. Nuestra tarea es recordar algunos antecedentes de las luchas colectivas de las mujeres, para señalar que la lucha por los derechos de la mujer trabajadora no es reciente, más bien lleva siglos. ¡En memoria de todas las trabajadoras revolucionarias: ni un minuto de silencio, toda una vida de lucha…!
En 1789 la Revolución Francesa, una revolución burguesa, derrotó las luchas feministas de la época. Benefició sólo a los burgueses, mientras las mujeres obreras, protagonistas de muchos de los eventos revolucionarios, quedaron excluidas de las reivindicaciones logradas a sangre y fuego. A pesar de esto, las mujeres continuaron sus luchas con el fin de obtener participación política, igualdad de derechos, como el derecho al voto y a la ciudadanía. Pero cuando la burguesía consolidó su poder en la nueva República Francesa, sólo reconoció la supuesta y estereotipada función “natural” de las mujeres, como la de madres y esposas de “los ciudadanos”. En 1791 Olympe de Gouges escribió la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, lo que la llevó a la guillotina. Los clubes de mujeres fueron cerrados en 1793, y en 1794 se prohibió la presencia de mujeres en cualquier tipo de actividad política. Muchas de ellas fueron llevadas a la guillotina o al exilio. En 1804 el Código Civil francés, negó a las mujeres los derechos civiles, e impuso leyes discriminatorias, que les limitaban su accionar al “hogar”.

En Francia, el 18 de marzo de 1871, debido a las traiciones políticas, sociales y económicas de la burguesía hacia la clase trabajadora, trabajadores y trabajadoras tomaron el poder. Para los burgueses, el primer gobierno obrero conocido como la Comuna de Paris, amenazaba sus privilegios económicos. La clase trabajadora remplazó el estado burgués capitalista y creó sus propios órganos de gobierno. El ataque genocida de la burguesía hizo que la Comuna sucumbiera en 3 meses. Pero los adelantos sociales establecidos por la Comuna para la clase trabajadora fueron sin precedentes, (derechos laborales, acceso a los servicios de salud, cooperativas de trabajadores y sindicatos específicos para las mujeres, etc).

La Comuna de Paris, sinónimo de igualdad de derechos para la mujer, reafirmó su fuerza revolucionaria, traicionada en la Revolución Francesa. Durante los meses de la Comuna, las mujeres influenciadas por las ideas de Karl Marx se destacaron en todas las tareas revolucionarias, desde la educación política hasta el combate directo dentro de las barricadas. Una de las activistas más destacadas fue la socialista Louise Michel. La historia no miente al señalar que fueron las mujeres quienes resistieron más tiempo que los hombres en las barricadas. Ejemplo de esto fue el batallón de 120 mujeres que dieron su vida por el primer gobierno obrero, hasta el último minuto. Derrotada la Comuna, 1,051 mujeres fueron sometidas a consejos de guerra y decenas sentenciadas a muerte. Cientos fueron deportadas a las colonias a trabajos forzados.

Desde la Revolución Industrial y la llegada del capitalismo, las mujeres trabajadoras eran explotadas a todos los niveles en la fábrica y el campo. Las burguesas, sometidas por la sociedad patriarcal a la cárcel del hogar y el matrimonio, simbolizaban el status social del hombre burgués. En Estados Unidos, cercano a la mitad del S. XIX, comenzó un movimiento sufragista caracterizado por profesar un racismo e imperialismo rampante. Las sufragistas burguesas excluyeron con argumentos de la supremacía racial blanca a las mujeres negras, estereotipándolas como ex-esclavas ignorantes. Angela Davis, la feminista marxista y afroamericana estadounidense nos dice al respecto que:

“Al aprobar la resolución de 1893, las sufragistas también podrían haber anunciado que si en virtud de su condición de mujeres blancas de la clase media y de la burguesía les fuera entregado el poder del voto, rápidamente reprimirían por la fuerza a los tres elementos principales que componían la clase obrera estadounidense: las personas negras, los inmigrantes y los trabajadores nativos analfabetos. De hecho, estos eran los tres grupos de personas cuyo trabajo era explotado y cuyas vidas eran sacrificadas por los Morgans, los Rockefellers, los Mellons y los Vanderbilts, es decir por la nueva clase de capitalistas monopolistas que estaban erigiendo despiadadamente sus imperios”… (Davis:1981).

A diferencia del movimiento sufragista burgués que era elitista y racista, las socialistas luchaban por obtener el derecho universal al voto para todos y todas. En 1907 se realiza la I Conferencia de la Internacional Socialista. Allí las revolucionarias comunistas Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y Alexandra Kollontai pronunciaron una de las resoluciones más importantes: “todos los partidos socialistas del mundo debían luchar por el sufragio femenino.”
En 1910 en Nueva York, una huelga paralizó las fábricas de tejido de la ciudad por 3 meses. El 80% de los huelguistas fueron mujeres. En 1911 y en la misma ciudad, ocurre otra huelga de tejedoras y tejedores. Mueren 134 huelguistas, a causa de un incendio ocasionado por la ausencia de seguridad laboral y por la explotación a la que son sometidos/as por sus patrones.

En 1914 Clara Zetkin, quien dirigía la Secretaría Internacional de la Mujer Socialista, estableció el 8 de marzo, en memoria de la sangre derramada por las obreras, como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Mas un hecho trascendental sucedió en esa misma fecha en 1917. Estalló la huelga de las tejedoras de San Petersburgo. Allí las mujeres realizaron una gran manifestación que desató la Revolución Rusa en octubre de 1917. Con el triunfo de la Revolución Rusa, las reivindicaciones de las mujeres se hicieron realidad. Se abolieron las leyes que oprimían a la mujer en relación al hombre. Se estableció por ejemplo, la igualdad salarial, el derecho al divorcio, al voto, a ser electa en cargos públicos y al aborto legal y gratuito en los hospitales del Estado. Se liberó a la mujer de las tareas domésticas, al ser estas socializadas y asumidas por el Estado. Se establecieron comedores, cuido de niños/as y lavanderías colectivas, entre otras. Sin duda la Revolución Soviética contribuyó a la emancipación de la mujer trabajadora mucho más que cualquier país capitalista en la historia.

En un discurso de homenaje al Día Internacional de la Mujer Trabajadora en 1920, Lenin se dirigió así a las trabajadoras y les dijo:

“El capitalismo unió una igualdad puramente formal a la desigualdad económica y, por consecuencia, social. Y una de las manifestaciones más fuertes de esa inconsecuencia es la desigualdad de la mujer y del hombre. Ningún Estado burgués, por más democrático, progresivo y republicano que sea, reconoce la entera igualdad de los derechos del hombre y de la mujer. La República de los Soviets, por el contrario, destruyó de un sólo golpe, sin excepción, todos los trazos jurídicos de la inferioridad de la mujer y también de un sólo golpe le aseguró, por ley, la igualdad más completa”.