Nuestro deber es luchar – 2

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Encuentro del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con intelectuales e invitados a la XXI Feria Internacional del Libro Cuba 2012, efectuado en el Palacio de Convenciones, el 10 de febrero de 2012, “Año 54 de la Revolución”

Segunda Parte

Ignacio Ramonet.-  Yo dije esta mañana en el Aula Magna dos o tres ideas acerca de cómo funciona el sistema mediático. Lo que planteaban aquí ahora mismo el Comandante y Abel, es esta idea de que cuando tenemos una realidad tan fuerte con todos los datos que ha dado Zuleica tan interesantes, ¿por qué finalmente esos datos o ese análisis no se publican?

Creo que es interesante tener una idea de cómo funciona el sistema mediático —de una manera muy esquemática, no quiero hacer una conferencia aquí. Dos o tres notas simplemente.

Primero, hay que partir del principio de que hoy día, en el sistema mediático, la información funciona como una mercancía. La información es una mercancía, es algo que sabemos, pero, ¿qué significa que es una mercancía?, porque es una mercancía algo particular, en la medida en que es una mercancía gratuita.  La mayoría de nosotros cuando consumimos información por la radio o por la televisión, pues no pagamos por ella; y, por otra parte también, ahora existen muchos periódicos gratuitos y tampoco se paga por esa información en la prensa escrita, y en Internet la mayoría de los sitios de información son igualmente gratuitos.

Entonces, digamos, ¿cómo es que el sistema, que tan preocupado siempre está de beneficios, hace que en la circulación de la información, la información sea gratuita?  Es gratuita, por la razón siguiente: porque nosotros pensamos que el comercio de la información consiste en vender información a la gente, y evidentemente así no salen las cuentas; porque si lo vendo gratuito, es decir, si regalo la información no gano nada. En realidad, el mecanismo del comercio de la información no consiste en vender información a la gente, consiste en vender gente a los anunciantes.

Nosotros cuando consumimos la información somos vendidos a los anunciantes.  ¿Y qué significa eso?  ¿Qué significado tiene desde el punto de vista ontológico, desde el fondo del contenido?  Significa lo siguiente, la empresa que nos va a vender a los anunciantes tiene interés en que la gente que va a consumir esa información sea la más numerosa posible, es decir, cuanto más numerosa sea, más caro va a vender ese grupo de gente al anunciante, y para que sea muy importante ese número, el nivel de la información va a ser muy superficial.  Esta es la ecuación, si se quiere:  La información se va a hacer primero en una lengua muy reducida.  Por ejemplo, el castellano es una lengua que tiene más de 40 000 vocablos; pero la información de amplia circulación se escribe con unos 600 a 800 vocablos, es decir, es un español fundamental, digamos, reducido a su mínima expresión.

Segundo, cualquier información, cualquiera que sea, siempre es una información sofisticada, compleja, con matices, etcétera.

El sistema de información dominante es un sistema de información maniqueo, es decir, hay buenos y malos y, por consiguiente, en dos términos, muy elemental, de manera que cualquier desarrollo que se pueda hacer sea muy corto, muy breve y que cualquiera lo pueda entender y, por consiguiente, se suprime todo tipo de matiz, y también, evidentemente, se va a insistir en el aspecto emocional —que es el que habla la gente— y no tanto en el sistema racional que supone la percepción de conceptos y de abstracción.  En ese sentido, una noticia de gran información no debe ser abstracta y conceptual, sino que debe ser concreta y emocional.  Ese es un aspecto.  El hecho de que la información sea una mercancía ya ven ustedes las consecuencias que está teniendo.

La segunda consecuencia importante es que si una empresa va a regalar la información, es obvio que esa empresa no va a gastar mucho dinero para producirla, puesto que la va a regalar.

Entonces, la producción de la información, es decir, la encuesta, el trabajo que hay que hacer río arriba para encontrar la información, buscarla, ir más allá de las apariencias para tratar de descubrir dónde se encuentra esa información, pagarle a un equipo de periodistas para que haga una investigación durante meses, eso la empresa no lo hará, o lo hará cada vez menos en la medida en que va a regalar esa información, repito.

También, por esa segunda razón, el nivel de la información será, evidentemente, reducido, el nivel de la información se va a rebajar.  Este es el sistema en el que estamos, e Internet ha venido a agravar la crisis en el sentido económico de la información; es decir, hoy día en el mundo la mayoría de los grupos mediáticos están en crisis, tienen sectores, en particular, el de la prensa escrita, donde pierden dinero y, por consiguiente, tampoco es el momento de producir una información de alta calidad.

Otra cuestión es que a pesar de lo que acabo de decir, de que la información es una información que funciona como una mercancía, es decir, funciona según las leyes de la oferta y la demanda, no funciona según las leyes de la comunicación y de la información.  No se trata, efectivamente, de responder a las interrogantes que se puede y se debe hacer en materia de periodismo exigente, sino que, sencillamente, se trata de responder a una supuesta demanda; pero a pesar de que circula como una mercancía, en realidad hoy la información es una materia prima, funciona exactamente como una materia prima, en el sentido amplio de la palabra.

¿Por qué es una materia prima?  Una materia prima en el sentido de que las grandes empresas de información hoy son las que más dinero están ganando.  Hoy día, digamos, si tomamos los últimos 15 años, las grandes empresas, las nuevas grandes empresas, las que han acumulado un capital bursátil excepcionalmente elevado, ¿a qué sector pertenecen?  Pertenecen al sector de Internet.

Miren, la entrada en bolsa de Facebook se hace a la altura de 15 000 millones de dólares.  Cuando Google entró hace apenas tres años, entró a una altura de 4 000 millones de dólares; pero también las empresas telefónicas o las empresas de informática.  Es decir, para todas esas empresas, para Facebook, para Twitter, para Google, para las grandes empresas telefónicas internacionales, para las empresas de informática, por ejemplo, Apple,  todas estas empresas, en realidad el contenido les importa poco, el sentido del contenido les importa poco, lo que les interesa es la cantidad.  Es decir, lo que le interesa a una empresa telefónica no es si usted va a trasmitir un secreto de Estado en su comunicación telefónica, eso le puede interesar a la CIA; lo que le interesa a la empresa telefónica es que usted telefonee mucho y que mande muchos mensajes por teléfono.  Cuantos más mensajes usted mande por teléfono de todo tipo, mensajes escritos, mensajes sonoros, mensajes icónicos, con imágenes, con videos, más dinero va a ganar la empresa. Cuanto más comunicación, en el sentido amplio de la palabra, más dinero ganará la empresa.  En ese sentido la información es una materia prima, y una materia prima estratégica en la medida en que es la que permite enriquecimientos superiores a los que permiten algunas materias primas realmente estratégicas como el petróleo, el gas o el uranio, etcétera.  Estas empresas pueden ganar más dinero simplemente con nuestras llamadas.

Este es el universo de la comunicación en el que, evidentemente, los grupos mediáticos hoy tienen tendencias a organizarse mediante el sistema de concentración bien conocido.  Si antes se especializaban en un solo sector de la comunicación, digamos, por ejemplo, la comunicación escrita, ahora, gracias a Internet que ha roto las barreras técnicas entre los diferentes sistemas de comunicación, los grupos van a acumular comunicación escrita, comunicación oral, comunicación visual, comunicación audiovisual, e Internet, evidentemente.  Entonces, los grandes grupos están dominando este sector mediante la concentración.

Quien dice concentración en comunicación e información, está diciendo automáticamente final del pluralismo o dificultad del pluralismo. Donde antes había muchos grupos mediáticos o muchos polos mediáticos ahora hay menos porque se han concentrado, y en algunos países —tomo el ejemplo de Francia, sencillamente—, toda la comunicación dominante:  prensa, radio, televisión, Internet, pertenece a unos cuantos hombres de negocios —casi siempre hombres; podrían ser mujeres—, casi todos ligados, o bien al sector financiero o bien al sector de la información telefónica, informática, etcétera, y los contamos con los dedos de una mano, en un país como Francia, un gran país democrático y productor de cultura; o sea, el fenómeno de la concentración con la crisis, además, se está agravando.

Por otra parte también hoy, precisamente en el marco de la globalización, ¿cómo funciona la comunicación en el marco de la globalización?  ¿La globalización qué es?  Esencialmente, un fenómeno que evidentemente acarrea otros más —y estoy hablando ante todos ustedes que saben perfectamente cómo es, simplemente lo recuerdo la globalización es un fenómeno esencialmente financiero y basado en el hecho de que desde hace unos años se ha dado la libertad al dinero de circular sin ningún tipo de trabas.  El dinero es lo que circula sin trabas, y a partir de ese fenómeno se ha ido acumulando la idea de que precisamente el poder económico es el primer poder, y en el seno del poder económico el poder financiero, que es el que produce mayor riqueza objetiva y material en el mundo.

¿Y el poder mediático, entonces?  ¿Qué papel tiene el poder mediático en el sistema de la globalización?  Ahí digo yo que el poder mediático en la globalización solo se puede concebir como el gemelo del poder financiero.  ¿Por qué?  Porque el poder mediático tiene la función, en la globalización, de decirles a los ciudadanos, ciudadanas que soportan la globalización que, en realidad, están viviendo en el mejor de los mundos posibles.  Para decirlo de otra manera:  el poder mediático funciona como el aparato ideológico de la globalización.  Es decir, la globalización es un fenómeno material y concreto, pero necesita de la pasividad cómplice, en cierta medida, de la ciudadanía.  ¿Y quién tiene la misión de apaciguar, de domesticar a las sociedades?  El aparato mediático.

Yo esta mañana daba un ejemplo con una comparación, las comparaciones nunca son exactas, pero yo decía:  ¿Qué se entiende por aparato ideológico?  Por ejemplo, estamos en América, imaginemos el momento de la conquista.  ¿La conquista que es?  Ante todo, una empresa de violencia, una empresa de destrucción: destrucción de culturas, destrucción de pueblos, destrucción de religiones, destrucción de lenguas, destrucción de jerarquías sociales.  Esa maquinaria de destrucción, evidentemente, funcionaría suscitando una mayor resistencia si solo fuera una empresa de destrucción; pero, en realidad, esa empresa de conquista iba acompañada por un aparato ideológico que tenía como misión decirles a las víctimas de la conquista que, en realidad, lo que les ocurría era lo mejor que les podía ocurrir.  ¿Quién tenía esa misión?  Pues, efectivamente, en este caso, la Iglesia Católica, los evangelizadores.  Los evangelizadores decían a las víctimas de la conquista:  “Usted ha perdido su religión, ha perdido sus tradiciones, ha perdido sus referencias culturales, pero ha ganado la gloria, porque ha encontrado al verdadero Dios.”  ¿De acuerdo?

Pues, globalmente el aparato mediático tiene hoy para nosotros la misma función.  En este momento, en Grecia, hay una huelga general, es la enésima huelga general contra las políticas de austeridad y de ajuste, de brutalidad social que se están llevando a cabo en muchos países de Europa.  Y el poder mediático, ligado al poder financiero, autor de golpes de Estado financieros —como ustedes han visto en Italia y en Grecia, donde precisamente el Primer Ministro ha sido puesto por la banca en su puesto de Primer Ministro— les dicen a los griegos: “En realidad hay que hacer esto de buena gana, hay que sacrificarse, porque ese sacrificio significa el ganar por fin una situación de nuevo arranque, que va a permitir salvar al país.”  Estamos entonces ante una situación en la que el poder financiero y el poder mediático funcionan como unos gemelos dominantes en la sociedad.

Y ustedes dirán: ¿Y el poder político?  En la jerarquización de los poderes hoy, el poder político está en tercer lugar; es decir que en el marco de la globalización el poder financiero y el poder mediático dominan al poder político.

Varios ejemplos: si ustedes en Europa hoy día se pasean de un país a otro, verán que la mayoría de los medios critican ferozmente, a veces, a los dirigentes, en cualquier país.  Si usted va a Portugal, critican al Primer Ministro portugués; en España, al Primer Ministro español; en Francia, al Presidente francés, etcétera, y eso no era así antes.

Entonces, la pregunta es: “Oiga, ¿los medios hoy tienen más libertades que antes? porque en realidad no están teniendo reticencias al criticar a los dirigentes políticos”.  Pues la respuesta ahí también es no, los medios no tienen más libertad que antes, lo que ocurre es que los dirigentes políticos tienen menos poder que antes, y, evidentemente, los medios hoy día se aprovechan del debilitamiento del poder político, de la ausencia de voluntad política para atacar en nombre de los objetivos que se fija el poder financiero.

Y terminaré diciendo que hay una crisis hoy del “cuarto poder”.  Antes se llamaba el “cuarto poder” a la prensa, efectivamente, una democracia moderna no se concibe sin un cuarto poder.  Hay un poder legislativo, un poder ejecutivo, un poder judicial y, evidentemente, está la opinión pública que permitía corregir los excesos del poder judicial, o del poder legislativo, o del poder ejecutivo.  Desde que se inventó la prensa de masas, los medios de masas, a finales del siglo XIX, la opinión pública es un actor muy importante en democracia moderna. Es imposible pensar en el funcionamiento de una democracia moderna sin una opinión pública que haga contrapeso. Pero ya no hay ese contrapeso en la medida en que la opinión pública está fabricada por los grandes grupos mediáticos más que nunca y, por consiguiente, no hay una opinión pública, digamos, objetiva. Y opino que es el momento —y lo he propuesto en varios textos míos, en particular en el Foro Social Mundial—, que se cree un Quinto poder, que es la posibilidad que nos da Internet hoy día, o las redes sociales, a cada uno de nosotros de construir nuestra propia información, participar en la propia elaboración de la información como nunca hemos tenido la ocasión de hacerlo, aunque no creemos en la democratización general de la información, pero hoy disponemos de herramientas que nos permiten intervenir, que nos permiten modificar, que nos permiten en todo caso dar una opinión ya no solo pasiva, interna, sino participando a nivel general, y nos permite, precisamente, erigirnos como ciudadanos, como Quinto poder capaz de hacer contrapeso a ese superpoder que se ha constituido recientemente.

Esto es lo que dije, Comandante (Aplausos).