¡Qué vivan los estudiantes!

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¡Clavao! (tomada prestada del genial trabajo del compañero Latuff)

En su último mensaje al país sobre la situación en la Universidad, el pueblo puertorriqueño tuvo la gran oportunidad de ver al Gobernador quitarse la careta de ente imparcial en el conflicto y asumir el bando que le corresponde. Fortuño tenía toda la razón cuando hablaba de “los pequeños grupos que promueven su agenda por medio de la violencia” o de “los agentes externos que pretenden privar del derecho a estudiar de la gran mayoría” y que “con sus acciones violentas intentan destruir la Universidad”. Aunque pareciera referirse a los estudiantes, no cabe duda de que pensaba en él, su Junta de Síndicos y el resto de los patricios perfumados que nos gobiernan.

Y es que la obstinación de Fortuño y su pandilla de guaynabitos con el desmantelamiento de la Universidad responde en parte a motivos ideológicos, pero lo que los hace actuar de forma aparentemente irracional son sus compromisos con el capital financiero de Wall Street.

Estos procesos de desmantelamiento de los sistemas de educación pública a nivel superior forman parte de una estrategia a nivel internacional. El capital financiero les exige a las universidades que modifiquen sus currículos hacia carreras dirigidas a las nuevas tendencias de producción: biotecnología, experimentación con aplicaciones militares, entre otras. Las “nuevas universidades” eliminarán facultades de Filosofía, Humanidades, Ciencias Sociales. No hacen falta ciudadanos que piensen ni cuestionen las estructuras, lo que el capital necesita es técnicos que puedan reproducir con mayor efectividad los ciclos de acumulación de riqueza.

El compromiso de los guaynabitos con el capital llega a tales niveles que, durante el inicio de la huelga estudiantil, los primeros edificios ocupados por la policía fueron, precisamente, los que se usan para la investigación y experimentación. Durante las primeras horas de esa ocupación policiaca, el estudiantado pudo comprobar que varios contingentes de la Fuerza de Choque estaban acuartelados en el edificio de biología Julio García, protegiendo lo que más les importa a Fortuño y a los bonistas: la experimentación que les produce nuevas patentes, y por lo tanto mayor riqueza.

Para los que tuvimos la mala fortuna de escuchar o ver el mensaje del gobernador Luis Fortuño, quedó claro que su discurso inflamatorio y cargado de odio de clase no iba dirigido solamente a criminalizar al estudiantado en lucha, sino a todos los sectores sociales que muestren resistencia a sus planes de destrucción de lo que queda del país. Las actuaciones de la policía y del superintendente asesino José Figueroa Sancha no deben verse aisladas, sino como una amenaza concertada dirigida a intimidar a los oprimidos que luchamos por cambiar esta sociedad.

Los guaynabitos ven el fermento revolucionario de nuestro pueblo en el estudiantado y, en preparación a las grandes confrontaciones de clase que se avecinan a causa de la lucha contra el Gasoducto de la Muerte, la destrucción del karso, la instalación de incineradoras, molinos (en sitios erróneos), foguean sus aparatos represivos en defensa del capital.