Posición de la UTIER ante la propuesta de un gasoducto de gas natural para el norte de Puerto Rico

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DIA-P Vistas Públicas, 16 de Octubre de 2010

  • Saludos, soy Ángel Figueroa Jaramillo
  • Comparezco en calidad de presidente de la UTIER
  • Mi participación en estas vistas, está dirigida a mostrar la oposición del sindicato al gasoducto propuesto y presentar una alternativa a la situación actual de la AEE
  • No sin antes demostrar la falta de una VISIÓN en la AEE y la necesidad de fomentar una política pública energética

Puerto Rico se enfrenta a la que podría ser la crisis mas grave en toda su historia como pueblo. La gravedad inédita de esta crisis parte de tres hechos incontrovertibles. El primero es que esta crisis es parte de una crisis mundial producida por el colapso del modelo de desarrollo económico promovido y muchas veces impuesto por los países desarrollados.  El segundo es que esta crisis se da dentro de otra crisis mucho mayor y con consecuencias a largo plazo más onerosas sobre toda la humanidad. Nos referimos a los devastadores efectos del cambio climático que, según la opinión de algunos expertos podría poner en peligro la existencia misma de los seres humanos sobre el planeta. El tercer hecho es de factura completamente local. El gobierno de turno, ha decidido enfrentar los retos que plantean esta crisis implantando medidas de corte neoliberal  que no solamente no atienden los problemas de fondo sino que pone todo el peso y el costo de la solución de los mismos a los menos que tienen, aumentando la brecha entre los sectores económicos del país.

La producción y consumo de energía eléctrica es uno de los asuntos que se mencionan constantemente para explicar parte de nuestros problemas. Los industriales, sectores  afiliados y el gobierno mencionan el costo de la energía como un elemento que retrasa el repunte económico. Por otro lado los ambientalistas y grupos comunitarios se quejan continuamente de nuestra alta dependencia de combustibles fósiles y la falta de planes concretos para salir de la misma. Este conflicto de posiciones se da dentro de un clima de desconfianza mutua, que impide que se produzca un diálogo sosegado donde podamos ponernos de acuerdo sobre las soluciones que el país necesita.

Ahora dizque para atender tanto el asunto del costo, el asunto de las emisiones y la alta dependencia del petróleo, se ha presentado al país el proyecto llamado Vía Verde. El mismo consiste en la conversión a gas natural las plantas de Cambalache, Palo Seco y San Juan. Para suplir el gas natural a esa planta se construiría una tubería desde la planta de Ecoeléctrica e Guayanilla hasta la planta de Puerto Nuevo en San Juan. Para completar ese recorrido la tubería tendría que atravesar las montañas y terreno carsico entre Peñuelas y Arecibo, cruzar los humedales del norte del país y pasar cerca de comunidades densamente pobladas como es el caso de Cataño y Levittown. La propuesta ha generado una tenaz oposición de grupos y sectores del país especialmente los que viven en municipios por donde pasaría la mencionada tubería.

Como suele ocurrir en Puerto Rico la discusión se ha polarizado de tal manera que es casi imposible examinar públicamente con ecuanimidad, cualquier asunto relacionado con esta propuesta sin que se levanten las pasiones de uno u otro sector.
La Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER), como el sindicato que agrupa los trabajadores que tienen el deber de generar la electricidad que todos los puertorriqueños usamos todos los días, tiene la obligación moral de expresarse clara y diáfanamente sobre la propuesta del gobierno. Y lo hará, como siempre lo ha hecho, sabiendo que su responsabilidad va más allá de la defensa de sus trabajadores. Nuestra responsabilidad principal e insobornable es con nuestro pueblo. No solo con “el aquí y el ahora” sino con el futuro de nuestro país, del país que queremos legarle a nuestras generaciones venideras.
Es por ello que la UTIER plantea que  es necesario crear las condiciones para que pueda darse un diálogo sosegado e informado, sobre nuestro sistema eléctrico,  entre todos los sectores del país. Para ello es necesario concretizar una política pública energética sensata y sostenible que sirva de instrumento de trabajo para ir resolviendo los problemas actuales y viabilizar la construcción del país que queremos. Esta política tiene que privilegiar las necesidades de los ciudadanos y plantear el acceso a la energía como un derecho humano. Este derecho, como cualquier otro derecho, no debe dejarse a las fuerzas del mercado y debe permanecer siempre en manos del pueblo.

Departe de la AEE, no ha habido una preparación de una política energética, coherente y sostenible.Cabe destacar dos factores que reflejan dicha falta de una política energética. Primero, las acciones desacertadas de la AEE en los pasados años, donde se invierten recursos y sumas exorbitantes de dinero en diseño de estrategias e infraestructura que luego resultan ser contrarias a los intereses de los puertorriqueños y puertorriqueñas. Ejemplo de esto lo es:

  • la planta generación por medio de diesel, recientemente construida en Mayagüez;
  • la planta de carbón de AES en el sur y el vaivén de la AEE sobre futuras plantas de carbón;
  • los planes de generación por medio energía nuclear;
  • el gasoducto del Sur.

El segundo factor a destacar lo es la falta de una visión, enmarcada en una política energética, sobre el Puerto Rico que deseamos y la AEE que necesitamos para conseguirlo. Esto se demuestra en la ausencia de transparencia en el proceso de toma de decisiones.

  • Ya es costumbre de la AEE, emprender acciones sin un previo proceso participativo entre los sectores concernientes. El proceso de Vistas Públicas ante una DIA-P no satisface este reclamo. La AEE tiene su voluntad puesta en el gasoducto y no ha demostrado deseo de escuchar y/o modificar su propuesta aun cuando se le han presentado diversas alternativas.
  • Ya es habitual, el que se intente privar a la ciudadanía de información necesaria para la cabal comprensión de un proyecto, con el pretexto de que la urgencia circunstancial requiere de un proceso tipo “fast track”.

Tener una política energética definida, nos facilitará evaluar las diferentes propuestas energéticas presentadas. Sólo cuando se tenga clara una política, dirigida a la sostenibilidad energética, en la que no estemos a merced de los mercaderes de combustibles fósiles con sus perjudiciales saldos en el medioambiente, y cuando utilicemos energía producto de fuentes locales y renovables de forma eficiente, entonces podremos dar pasos afirmativos hacia un Puerto Rico más prospero.

Dicho lo anterior es necesario que hablemos del proyecto presentado por el gobierno. Lo primero que tenemos que plantear es que, la UTIER se opone al gasoducto. Sin embargo, el gas natural podría ser un combustible de transición que nos permita movernos de lo que tenemos ahora hacia el futuro de generación con energías renovables al que todos aspiramos. Tenemos que reconocer que el gas natural es menos contaminante que el petróleo que actualmente queman las plantas de la AEE. Nuestros asesores estiman que por causa de quema de petróleo y carbón, mueren sobre cien personas al año en Puerto Rico. Una postura seria, tiene que considerar este factor antes de oponerse al uso del gas sin plantear una alternativa viable e inmediata que nos ayude a eliminar la dependencia del petróleo. De la misma forma, hay que reconocer que si bien es cierto que deseamos cuanto antes una transición hacia la generación de energías renovables, este cambio no es viable en el un futuro inmediato, en parte debido al alto consumo de electricidad.

Aún cuando podemos reconocer bondades al uso del gas natural, nos oponemos al gasoducto, tanto en su contenido, como en la forma en que se ha planteado La manera en que este proyecto ha sido presentado en vez de propiciar el dialogo lo que ha logrado es crear oposición al mismo, a la vez que genera cada vez más desconfianza en las propuestas del gobierno. De entrada lo primero que el gobierno hizo es declarar una emergencia en la infraestructura energética del país cuyo objetivo evidente es la aprobación expedita de proyectos sin una adecuada discusión pública. No hay ninguna emergencia energética, nuestra capacidad instalada rebasa por mucho las necesidades de generación de Puerto Rico.

Para continuar añadiendo a la desconfianza, tras esa primera acción, el gobierno estuvo llevando a cabo presentaciones a públicos y sectores escogidos a espaldas del pueblo. Finalmente la AEE presentó una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto para ser evaluada. El documento presentado es tan deficiente que ha sido duramente criticado por varios expertos en diferentes campos relacionados con los temas ambientales.

Entre las principales deficiencias del documento ambiental que se presentó para evaluación está que:

  • los mapas de inundaciones que se usaron son obsoletos, a pesar de que los nuevos estaban disponibles;
  • un experto en geología acaba de plantear que los análisis geológicos son deficientes y que inclusive se han inventado categorías geológicas que no existen;
  • las capacidades de los tanques de almacenamientos no cuadran con datos presentados en el mismo documento; no hay en todo el documento ningún análisis serio sobre la viabilidad económica del proyecto;
  • los datos sobre comparación de emisiones entre derivados de petróleo y gas natural no cuadran.

El proyecto, tal como ha sido presentado es catalogado por expertos como uno inviable. Ya ha salido a la luz pública, información fiable que concluye que el proyecto no cumple con los elementos mínimos para su viabilidad. Por ejemplo:

o    la inestabilidad de gran parte del terreno por donde se proyecta la ruta del gasoducto. Esto es crítico en el tramo entre Peñuelas y Arecibo. Buena parte de ese terreno son parte del Carso cuya inestabilidad es ampliamente reconocida. Debajo de parte de esos terrenos se encuentra, según expertos consultados, la formación de San Sebastián que son terrenos expansivos que hacen casi imposible garantizar permanentemente la integridad de cualquier estructura construida sobre ellos.
o    los mismos funcionarios de Eco-eléctrica han admitido que no tienen capacidad suficiente para suplir la demanda de gas natural de todas las plantas generadoras del norte.

Seguridad del gas natural

Se habla de la peligrosidad del gas natural. La UTIER no puede ignorar esta discusión por una razón elemental. Son nuestros trabajadores los primeros afectados por cualquier asunto de seguridad. Nuestros trabajadores de planta están todos los días en contacto directo con los combustibles y sus emisiones.

Según el database del Pipeline Trust una entidad sin fines de lucro mueren al año 2 personas por explosiones y fuego en gasoductos en los Estados Unidos. Si contamos las líneas de distribución entonces la cantidad de muertos al año asciende a 18. El problema es que  mueren más de 13 mil personas todos los años por las emanaciones causadas por la quema de carbón y petróleo.
Si estos datos son correctos entonces el cambio a gas podría representar un aumento en la seguridad de todos los puertorriqueños. Esto requiere una discusión seria y sosegada que tiene que darse en el país sin la presión de este proceso atropellado que nos permita escucharnos unos a otros.

La alternativa propuesta por la UTIER

Ante este panorama y cumpliendo con su compromiso, la UTIER no puede quedarse al margen con los brazos cruzados. Entendemos y asumimos nuestra obligación de servir como instrumento generador de una discusión pública amplia, sobre una verdadera política energética. Apuntando hacia esta dirección, es que planteamos los elementos que faltan para sostener un diálogo a la altura de las circunstancias.

La UTIER, anteponiendo los intereses del país a los del sindicato, no va a quedarse en la simple oposición al proyecto. Cumpliendo con nuestro compromiso con el país, sometemos una alternativa para que forme parte del proceso de discusión. Nuestra alternativa cumple un triple propósito:

  1. Reenfocar la discusión pública hacia cual es la verdadera política energética que debe seguir nuestro pueblo y la AEE.
  2. Concluir la discordia y el desasosiego que ha creado el proyecto del gasoducto, aprovechando el interés nacional que se ha despertado el tema energético.
  3. Aprovechar las bondades que nos puede traer la utilización del gas natural dentro de la coyuntura actual, tanto para el país como para nuestra matrícula que día a día trabaja expuesta a las emisiones y residuos de las plantas generadoras. Viabilizar lo que hoy es consenso, acerca de la reducción de emisiones contaminantes (comparado con el petróleo y el carbón) y la reducción de los costos de producción de electricidad (por un periodo limitado de años entre 8 a 12).

La propuesta de la UTIER consiste en convertir todas las plantas del sur a gas natural. Esto incluiría todas las unidades de Costa Sur, la termoeléctrica de Aguirre y el Ciclo Combinado de Aguirre. Con esto se reduce significativamente las emisiones al aire y se convierte a gas natural más de la mitad de la capacidad generatriz de la AEE. Si fueran ciertas las alegaciones de la AEE sobre el costo del gas natural tendríamos ahorros, significativos, probablemente en el orden de cientos de millones al año que nos permitirían un espacio para discutir más sosegadamente cualquier otra opción hacia la transición que todos queremos.

Los ahorros que surjan por la utilización del gas natural en Costa Sur y Aguirre, se utilizarían en un programa de transición hacia fuentes renovables de energía. El suministro de gas natural licuado a las plantas de Costa Sur se haría por medio del tanque utilizado por Ecoeléctrica. El gas natural de Aguirre se suministraría por el sistema de boyas o la construcción de un tanque de reserva. Esto tiene que ser discutido ampliamente con todo el país y sobre todo con los sectores que pudieran afectarse.

Es de interés cardinal, el que la planta de carbón de la AES sea la primera en ser eliminada en la transición hacia energías renovables. Puerto Rico no puede continuar generando electricidad con un combustible tan nocivo, tanto por sus emisiones como por su residual. La propuesta de la UTIER persigue que los cambios hacia el gas natural tengan como primer objetivo, apagar las plantas de carbón y descartar la consideración de nuevas generadoras que utilicen este combustible.

La conversión de las plantas del norte a gas natural, se podría evaluar, como parte del proceso de diálogo que desea generar la UTIER, sin que se descarten alternativas antes de establecer un criterio informado. Podemos adelantar, sin cerrarnos al diálogo, que la UTIER no considera en estos momentos de forma favorable la utilización de los terrenos de CAPECO para almacenar el gas natural. Al presente no vemos esta alternativa como una armoniosa, ya que pone nuevamente la carga del posible riesgo sobre las comunidades aledañas. En otras palabras, nadie de los que se opone a que el gasoducto pase cerca de su residencia, apoyaría el que se le  ubique en cambio, un tanque de gas natural de la magnitud requerida.

La UTIER entiende que la AEE atraviesa por un momento histórico en el que tiene que replantearse como desligar su estabilidad financiera del consumo excesivo de energía. También reconoce que las obligaciones contractuales con los bonistas, impiden el que se puedan tomar medidas agresivas hacia el ahorro y la eficiencia en uso de electricidad. Es por esto, que dentro del diálogo que proponemos, incluimos el rescate de nuestra primera industria de las manos de los bonistas. Hay que tomar en consideración el hecho de que la AEE tiene formas alternas de generar ingresos y así ayudar a impulsar con sus propios recursos una verdadera transición hacia la energía sostenible. Por ejemplo, actualmente la AEE cuenta con la infraestructura más grande del país en fibra óptica. Esto es un activo que puede resultar muy beneficioso económicamente, para la AEE y para el gobierno de Puerto Rico.

Conclusión

La DIA-P presentada por la AEE sólo considera, dos alternativas para lograr la conversión de las plantas del norte, primero la construcción de un terminal de recibo de gas natural líquido en Central San Juan y segundo el sistema de boyas y barcazas.  Con el gasoducto propuesto, la AEE intenta convertir, apenas el 34.3% de su capacidad instalada a utilizar como combustible gas natural.

Con la alternativa planteada por la UTIER, sin la necesidad de un gasoducto, se podrá suministrar gas natural en más del 50% de la capacidad instalada de la AEE. Además, se demuestra la necesidad de una verdadera política energética que fije un norte en un tema tan importante como lo es la energía eléctrica de nuestro país. Hace falta resaltar lo que no es una alternativa ante nuestra situación de país. No es una alternativa, destruir o conducir a la AEE a la quiebra. No es una alternativa continuar endeudando a la AEE con contratos y emisiones de bonos. Hay que rescatar a la AEE de las manos de los bonistas, para que pueda brindar servicio de calidad, considerando exclusivamente las necesidades e intereses del pueblo puertorriqueño.