La lucha de clases en Puerto Rico / 2 / Las autopistas y las APP

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Las autopistas y las APP

Mientras concentramos nuestras fuerzas para derrotar al Gasoducto de la Muerte, no podemos desatender otras amenazas que se ciernen sobre nuestra sociedad. Una que se mueve sigilosamente es la Alianza Público Privada (APP) de la PR22. Es parte de una estrategia general de los bancos de Wall Street, servilmente promovida por la camarilla de Fortaleza, para hipotecar nuestra infraestructura.

¿A cambio de qué? Con esta maniobra, los guaynabitos acceden a cantidades substanciales de dinero ahora, con el que pueden traquetear de aquí al 2012. ¿Y quién paga? La historia de estos esquemas, productos por excelencia de la corrupción del neoliberalismo, es que se le impone a los usuarios de la infraestructura hipotecada una pesada carga. En el caso de las autopistas, los peajes tienden a subir rápidamente durante el primer año del contrato, duplicándose, o hasta triplicándose en un corto plazo.

El ensayo inicial de las APP de Wall Street, consiste en poner en la picota las autopistas que ya construimos hace varias décadas, y que ya se las hemos pagado varias veces, precisamente, a los bonistas de Wall Street. Se les cederían al mejor postor, el que le ponga más dinero a Fortuño en sus manos. ¿Cuáles son esas autopistas? Están comenzando con la PR22 (y la PR5; siempre le agregan una menor a la principal), pero están en fila la PR66 y la PR52.

Se convertirían en estaciones de pillaje.
¿Qué gana el mejor postor? Puede erigir tantos puentes de peaje quiera. Puede cobrarnos lo que le parezca en cada uno de ellos, y se puede embolsicar todo el dinero suyo, mío, y de todos los trabajadores que, a diario, transitemos por esas vías. Recuerde, ya le habrían dado el dinero a Fortuño, por adelantado. ¿Y por cuánto tiempo? El acuerdo dice que por 50 años, y si se portan bien, con una ñapita de 25 años adicionales. Por 75 años usted, sus hijos y sus nietos le van a estar pagando a este consorcio lo que ellos entiendan que les pueden exprimir. ¿Quiere más? Contaría, además, con garantías de unos recaudos mínimos. Si un huracán interrumpiera prolongadamente el uso de la autopista, o si la depresión económica se profundiza, o si, sencillamente, los conductores buscan la manera de evitar el pago de peajes, se le pagaría un subsidio al consorcio, que saldría del bolsillo del contribuyente.

¿Quiénes componen esos consorcios? Entre los licitadores que quedan están todas las pandillas de ladrones que llevaron al sistema capitalista mundial al borde del precipicio, con sus maromas ilegales, para luego ser rescatados por los contribuyentes de Estados Unidos. Éstos son: Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citibank y JP Morgan (éste se retiró, por ahora). Cada uno va acompañado de una compañía subsidiaria española, de especialidad técnica en la construcción y explotación de autopistas.

Si esto no le suena suficientemente alarmante, siga leyendo, porque el truco no está en la venta de remate de la infraestructura que con tanto sacrificio hemos construido. El golpe del nocaut viene después: la venta de remate del permiso para diseñar y construir la extensión de la PR22, a campo traviesa por la región del karso. En otras palabras, a lo que no destruyeran con el Gasoducto de la Muerte, le darían el tiro de gracia con este proyecto.

Es mucho lo que se queda sin explicar de este descabellado esquema de las autopistas. Suscríbase al Boletín del Abayarde Rojo Digital para recibir información al día y más detallado sobre éste y otros asuntos de importancia crítica.

Cerramos esta sección con la aclaración de que estos dos ejemplos de los esquemas de explotación financiera —el Gasoducto de la Muerte y la APP de la PR22— son meramente una muestra de lo que Wall Street quiere extender a todos los rincones de Puerto Rico. Están en la mirilla la PR52 y la PR66, nuestras escuelas públicas, la Autoridad de Energía Eléctrica, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, el aeropuerto Luis Muñoz Marín, el puente de Vieques, y literalmente, cualquier otro embeleco que a cualquier banco de Wall Street, o a cualquier guaynabito, pueda sonarle interesante.

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El Guaynabazo
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Introducción

Sección 1:
El Gasoducto de la Muerte
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Las autopistas y las APP