¿Autodeterminación o Descolonización e Independencia?

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Autodeterminación se aplica a naciones que voluntariamente han decidido unirse. En caso contrario, cuando se produce una invasión, como es el caso de Canarias, se aplica la Resolución 1514 (que ni siquiera cita el concepto de soberanía) de las Naciones Unidas, sobre el derecho de independencia, que exige la descolonización de la Nación ocupada.

Lenin

Los conceptos de autodeterminación, independencia, soberanía, etc., se prestan a confusión con demasiada frecuencia. Creemos conveniente, aún sin ser cuestión de fe, introducir algunas precisiones para evitar la ambigüedad en los conceptos, a la vez que evitar tanto el oportunismo como el aventurerismo en determinadas propuestas políticas . En el escrito de V. I. LENIN “El Derecho de las Naciones a la Autodeterminación” podemos entender claramente dicho concepto:

“Por autodeterminación de las naciones se entiende la separación estatal de las colectividades de otra nación, se entiende la formación de un Estado nacional independiente”(V. I. LENIN: El Derecho de las Naciones a la Autodeterminación, Obras Completas, (Volumen 25, p. 275, Editorial Progreso, marzo-junio de 1914, Traducción 1984 (Moscú)).

Y añade el autor: “A esto hay que añadir, además, la observación final de Kautsky, más exacta aún: los Estados de composición nacional heterogénea (los llamados Estados de nacionalidades a diferencia de los Estados nacionales) son ‘siempre Estados cuya estructura interna ha quedado, por tales o cuales razones, anormal o subdesarrollada’(atrasada). De suyo se entiende que Kautsky habla de anormalidad exclusivamente en el sentido de no corresponder a lo que está más adecuado a las exigencias del capitalismo en desarrollo” (p. 276).

En la p. 279 perfila aún más la definición: “ ‘La autodeterminación de las naciones’ en el programa de los marxistas, no puede tener , desde el punto de vista histórico-económico, otra significación que la autodeterminación política, la independencia estatal, la formación de un estado nacional”. “Sin dejar, naturalmente, de aprovechar la ocasión para mencionar a los ‘semitas’ y decir toda clase de mordacidades a los demócratas constitucionalistas, el periódico Novoe Vremia declaró, sin embargo, en su número 13563: ‘Lo que constituye para los socialdemócratas un axioma de sabiduría política’(es decir, el reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación, a la separación), ‘empieza en nuestros días a provocar divergencias incluso entre los demócratas constitucionalistas’ “(p. 299-300).

Y añade posteriormente (p. 302): “Hablando de la amenaza de ‘disgregación del Estado’, el señor Kokoshkin ha demostrado comprender perfectamente que la autodeterminación política no puede significar otra cosa que el derecho a la formación de un Estado nacional independiente”. “El señor Kokoshkin quiere convencernos de que el reconocimiento del derecho a la separación aumenta el peligro de ‘disgregación del Estado’. Este es el punto de vista del garitero Mimretsov con su lema de ‘ agarrar y no dejar escapar’. Desde el punto de vista de la democracia en general es precisamente al contrario: el reconocimiento del derecho a la separación reduce el peligro de ‘disgregación del Estado’”.

Y añade en la página 304: “ Acusar a los partidarios de la libertad de autodeterminación, es decir, de la libertad de separación, de que fomentan el separatismo, es tan necio e hipócrita como acusar a los partidarios de la libertad de divorcio de que fomentan la destrucción de los vínculos familiares. Del mismo modo que en la sociedad burguesa impugnan la libertad de divorcio los defensores de los privilegios y de la venalidad, en los que se funda el matrimonio burgués, negar en el Estado capitalista la libertad de autodeterminación, es decir, de separación de las naciones, no significa sino defender los privilegios de la nación dominante y los procedimientos policíacos de administración en detrimento de los democráticos”. Añadiendo en la p. 306: “Por ello sería apartarse de las tareas de la política proletaria y someter a los obreros a la política burguesa, tanto el que los socialdemócratas se pusieran a negar el derecho a la autodeterminación, es decir, el derecho de la naciones oprimidas a separarse, como el que se pusieran a apoyar todas las reivindicaciones nacionales de la burguesía de las naciones oprimidas”…” Y el negar el derecho a la autodeterminación, o a la separación, significa indefectiblemente, en la práctica, apoyar los privilegios de la nación dominante”.

Y en la p.309-312 añade: “Noruega está ligada a Suecia por lazos geográficos, económicos y lingüísticos no menos estrechos que los lazos que unen a muchas naciones eslavas no rusas a los rusos. Pero la unión de Noruega a Suecia no era voluntaria. De modo que Rosa Luxemburgo habla completamente en vano de ‘federación’, sencillamente porque no sabe qué decir. Noruega fue entregada a Suecia por los monarcas durante las guerras napoleónicas, contra la voluntad de los noruegos, y los suecos hubieron de llevar a Noruega tropas para someterla. Después de eso hubo durante largos decenios, a pesar de la autonomía de extraordinaria amplitud de que gozaba Noruega (Dieta propia, etc.), constantes roces entre Noruega y Suecia, y los noruegos procuraron con todas las fuerzas sacudirse el yugo de la aristocracia sueca. En agosto de 1905 se lo sacudieron por fin: la Dieta noruega decidió que el rey de Suecia dejara de ser rey de Noruega, y el referéndum del pueblo noruego, celebrado más tarde, dio una aplastante mayoría de votos (cerca de doscientos mil contra unos cuantos centenares) a favor de la completa separación de Suecia. Los suecos, después de algunas vacilaciones, se resignaron con la separación. Ningún socialdemócrata, si no se decide a declarar que no le importan la libertad política y la democracia (y en tal caso, naturalmente, dejaría de ser socialdemócrata), podrá negar que este ejemplo demuestra de hecho que los obreros conscientes tienen la obligación de desarrollar una labor constante de propaganda y preparación a fin de que los posibles choques motivados por la separación de naciones se ventilen sólo como se ventilaron en 1905 entre Noruega y Suecia y no ‘al modo ruso’. Esto es precisamente lo que expresa la reivindicación programática reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación. ¿Cuál fue y debió ser la posición del proletariado noruego y sueco en el conflicto motivado por la separación? Los obreros conscientes de Noruega, desde luego, hubieran votado después de la separación por la república (Nota 1), y si hubo socialistas que votaron de otro modo, eso no demuestra sino que hay a veces mucho oportunismo obtuso, pequeño burgués en el socialismo europeo. Sobre esto no puede haber dos criterios.

¿Y el proletariado sueco? Sabido es que los terratenientes suecos, apoyados por el clero sueco, predicaban la guerra contra Noruega; y como Noruega era mucho más débil que Suecia, como ya había sufrido una invasión sueca, como la aristocracia sueca tenía un peso muy considerable en su país, esta prédica era una amenaza muy seria. Puede garantizarse que los Kokoshkin suecos iban corrompiendo larga y empeñadamente a las masas suecas, exhortándolas a ‘proceder con prudencia’ en lo referente a ‘las fórmulas elásticas de la autodeterminación política de las naciones’, pintándoles los peligros de ‘disgregación del Estado’ y asegurándoles que la ‘libertad popular’ es compatible con los pilares de la aristocracia sueca. No cabe la menor duda de que la socialdemocracia sueca habría hecho traición a la causa del socialismo y a la causa de la democracia si no hubiera luchado con todas sus fuerzas contra la ideología y la política tanto de los terratenientes como de los Kokoshkin, si no hubiera propugnado, además de la igualdad en derechos de las naciones en general (igualdad que también reconocen los Kokoshkin), el derecho de las naciones a la autodeterminación, la libertad de separación de Noruega. La estrecha unión de los obreros noruegos y suecos y su plena solidaridad de camaradas de clase ganaban, al reconocer de este modo los obreros suecos el derecho de los noruegos a la separación. Porque los obreros noruegos se convencían de que los obreros suecos no estaban contagiados de nacionalismo sueco, de que la fraternidad con los proletarios noruegos estaba, para ellos, por encima de los privilegios de la burguesía y la aristocracia suecas. La ruptura de los lazos impuestos a Noruega por los monarcas europeos y los aristócratas suecos han demostrado que, a través de todas las vicisitudes de la política burguesa —¡bajo las relaciones burguesas es perfectamente posible que renazca la sumisión de los noruegos a los suecos por la fuerza!—, sabrán mantener y defender la completa igualdad de derechos y de solidaridad de clase de los obreros de ambas naciones en la lucha tanto contra la burguesía sueca como contra la noruega”.

Y en la p. 313 leemos: “Porque la socialdemocracia internacional está precisamente en pro de reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación. De lo cual pasamos a ocuparnos”.

LA RESOLUCIÓN DEL CONGRESO INTERNACIONAL DE LONDRES DE 1896

“El Congreso declara que está a favor del derecho completo a la autodeterminación (Selbstbestimmungsrecht) de todas las naciones y expresa sus simpatías a los obreros de todo país que sufra actualmente bajo el yugo de un absolutismo militar, nacional o de otro género; el Congreso exhorta a los obreros de todos estos países a ingresar en las filas de los obreros conscientes (klassenbewusste = de los que tienen conciencia de los intereses de su clase) de todo el mundo, a fin de luchar al lado de ellos para vencer al capitalismo internacional y alcanzar los objetivos de la socialdemocracia internacional”.

En las p. 314-315 continúa: “En los debates que precedieron al congreso de Londres-principalmente en las columnas de la revista de los marxistas alemanes Die Neue Zeit —se expresó el punto de vista de Rosa Luxemburgo¡ Y ese punto de vista sufrió una derrota ante la internacional! Este es el fondo del asunto, y debe tenerlo muy en cuenta el lector ruso (y el lector en general, añadimos nosotros). Los debates giraron en torno a la cuestión de la independencia de Polonia. Se expresaron tres puntos de vista: 1)El punto de vista de los ‘fraquistas’ (ver nota 2, pié de página), en cuyo nombre habló Haecker. Querían que la Internacional reconociera en su Programa la reivindicación de la independencia de Polonia.  2) El punto de vista de Rosa Luxemburgo: los socialistas polacos no deben exigir la independencia de Polonia. Desde este punto de vista, ni hablar se podía de proclamar el derecho de las naciones a la autodeterminación. Este criterio fue también derrotado ante la Internacional. 3) El punto de vista que entonces desarrolló del modo más circunstanciado K. Kautsky, al oponerse a Rosa Luxemburgo y demostrar la extrema ‘unilateralidad’ del materialismo de ella. Desde este punto de vista, la Internacional no puede incluir hoy en su Programa la independencia de Polonia, pero los socialistas polacos —dijo Kautsky— pueden plenamente propugnar semejante reivindicación. Desde el punto de vista de los socialistas es absolutamente erróneo desentenderse de las tareas de la liberación nacional en un ambiente de opresión nacional. La resolución de la Internacional reproduce precisamente las tesis más esenciales, fundamentales, de este punto de vista: por una parte, se reconoce, sin el menor rodeo ni dejar lugar a tergiversación alguna, el pleno derecho de todas las naciones a la autodeterminación; por otra parte, se exhorta de forma no menos explícita a los obreros a la unidad internacional de su lucha de clase. Sabido es que C. Marx y F. Engels consideraban que toda la democracia de Europa Occidental, y más aún la socialdemocracia, estaba absolutamente obligada a apoyar con energía la reivindicación de la independencia de Polonia”.

Y continúa en la p. 317-318: “Para Europa Oriental y para Asia, en una época en que se han iniciado revoluciones democráticas burguesas, en una época en que han surgido y se han exacerbado movimientos nacionales, en una época en que han aparecido partidos proletarios independientes, estos partidos deben tener en política nacional una tarea doble: reconocer el derecho de todas las naciones a la autodeterminación, porque aún no está terminada la transformación democrática burguesa, porque la democracia obrera propugna con seriedad, franqueza y consecuencia, no al modo liberal, no al modo de los Kokoshkin, la igualdad de derechos de las naciones, y la alianza más estrecha, indisoluble, de la lucha de clase de los proletarios de todas las naciones de un Estado determinado, para toda índole de peripecias de su historia, con todo género de modificaciones que la burguesía introduzca en las fronteras de los diversos Estados. Esta doble tarea del proletariado es precisamente la que formula la resolución de la Internacional de 1896. Idéntica precisamente es, por los principios en que se basa, la resolución adoptada por los marxistas de Rusia en su Conferencia de Verano de 1913. Hay gentes a quienes les parece ‘contradictoria’ que esta resolución, al reconocer en su punto cuarto el derecho a la autodeterminación, a la separación, parece ‘conceder’ el máximo al nacionalismo (en realidad, en el reconocimiento del derecho de todas las naciones a la autodeterminación hay un máximo de democracia y un mínimo de nacionalismo), y en el punto quinto previene a los obreros contra las consignas nacionalistas de cualquier burguesía y exige la unidad y fusión de los obreros de todas las naciones en organizaciones internacionales proletarias únicas.

Pero sólo inteligencias absolutamente obtusas pueden ver aquí una ‘contradicción’, pues son incapaces de comprender, por ejemplo, por qué han ganado la unidad y solidaridad de clase del proletariado sueco y noruego, cuando los obreros suecos han defendido para Noruega la libertad de separarse y constituir un Estado independiente. Declarando ‘utopía’ la independencia de Polonia y repitiéndolo hasta dar náuseas, Rosa Luxemburgo exclama con ironía: ¿Por qué no exigir la independencia de Irlanda? Evidentemente, la ‘práctica’ Rosa Luxemburgo desconoce la actitud de C. Marx ante la independencia de Irlanda. Vale la pena detenernos en este punto para dar un análisis de una reivindicación concreta de la independencia nacional desde el punto de vista verdaderamente marxista, y no oportunista. Marx tenía la costumbre de ‘palpar el diente’, como él decía, a los socialistas que él conocía, comprobando su conciencia y la firmeza de su convicción. Cuando conoció a Lopatin, Marx escribió a Engels el 5 de julio de 1870 un juicio muy encomiástico sobre el joven socialista ruso, pero añadió: ‘…El punto débil: Polonia. Sobre este punto Lopatin dice exactamente lo mismo que un inglés —por ejemplo un carlista inglés de la vieja escuela— sobre Irlanda’( o un español sobre Canarias, añadimos nosotros). Marx interroga a un socialista que pertenece a una nación opresora lo que piensa de una nación oprimida y descubre en el acto el defecto común de los socialistas de las naciones dominantes (inglesa,  rusa o española)*: la incomprensión de su deber socialista para con las naciones oprimidas, el rumiar prejuicios tomados de la burguesía’jingoísta’. La posición de Marx (p. 320) en este problema la expresan, con especial claridad, los siguientes fragmentos de sus cartas: ‘He tratado por todos los medios de promover en los obreros ingleses una manifestación de simpatía por la lucha de los fenianos (irlandeses)… Antes creía imposible la separación de Irlanda de Inglaterra. Ahora lo creo inevitable, aunque después de la separación se llegue a una federación’. Esto es lo que decía Marx a Engels en la carta del 2 de noviembre de 1867. …Lo que necesitan los irlandeses es: ‘1) Autonomía e Independencia con respecto a Inglaterra’. ‘2) Una revolución agraria…’ y añade en la p. 323: La clase obrera inglesa no hará nada mientras no se desembarace de Irlanda… La reacción inglesa, en Inglaterra, tiene sus raíces en la esclavización de Irlanda”.

El mismo análisis es válido para el proletariado español: no hará nada mientras España tenga posesiones coloniales. La reacción española en general y la monarquía en particular hinca sus raíces en la colonización de Canarias, la primera colonia del viejo y caduco imperio colonial español.

Al principio, Marx creía que el movimiento que liberaría a Irlanda sería el movimiento obrero de la nación opresora (o sea de Inglaterra) y no el nacional de la nación oprimida (Irlanda). Marx revisa su opinión y la corrige (p 432):

“Qué desgracia es para un pueblo haber sojuzgado a otro”. La clase obrera de Inglaterra no podrá liberarse, mientras Irlanda no se libere del yugo inglés. La esclavización de Irlanda fortalece y nutre a la reacción en Inglaterra (igual que nutre a la reacción en Rusia la esclavización de una serie de naciones) (Nota 3). Y Marx, al hacer aprobar en la internacional una resolución de simpatía por ‘la nación irlandesa’, por ‘el pueblo irlandés’, propugna la separación de Irlanda de Inglaterra, ‘aunque después de la separación se llegue a una federación’ (Nota 4).

Plejánov (Nota 5), defendiendo en Zairá ‘el derecho a la autodeterminación’ en el proyecto de programa, escribía que esta reivindicación, que no es obligatoria para los demócratas burgueses, ‘ es obligatoria para los socialdemócratas’. ‘ Si nos olvidáramos de ella o si no nos decidiéramos a propugnarla-escribía Plejánov-, temiendo herir los prejuicios nacionales de nuestros compatriotas de la tribu rusa, se convertiría en nuestros labios en mentira odiosa…el grito de combate…:¡Proletarios de todos los países, únanse! …El interés de la unión de los proletarios, el interés de su solidaridad de clase exige que se reconozca el derecho de las naciones a la separación: eso es lo que hace doce años reconoció Plejánov en las palabras citadas; de reflexionar sobre ello, nuestros oportunistas no hubieran dicho, probablemente, tantos absurdos sobre la autodeterminación.

En el Congreso de 1903, donde se aprobó este proyecto de programa defendido por Plejánov, el trabajo principal estaba concentrado en la comisión de programa. Es de lamentar que en ella no se levantaran actas. Precisamente sobre el punto de que tratamos presentarían especial interés, porque sólo en la comisión los representantes de los socialdemócratas polacos, Varshavski y Hanecki, intentaron defender sus puntos de vista e ‘ impugnar el reconocimiento del derecho a la autodeterminación’. ¿En qué sentido entendían la ‘autodeterminación’ los delegados al II Congreso, de los cuales, según hemos visto, no hubo ni uno solo que estuviera en contra de la ‘autodeterminación de las naciones? (p. 329-330).

Martinov considera que no hay que dar a la palabra’autodeterminación’ una interpretación amplia; sólo significa el derecho de una nación a formar una entidad aparte, pero en modo alguno la autonomía regional. …Contra el derecho de autodeterminación —dijo Góldblat— no puede objetarse nada. Cuando alguna nación lucha por su independencia, no podemos oponernos a ello. Si Polonia no quiere contraer matrimonio legal con Rusia, hay que dejarla en paz, según ha dicho el camarada Plejánov. Estoy de acuerdo con semejante opinión dentro de estos límites. Plejánov no habló en absoluto sobre este punto en la sesión plenaria del Congreso. Góldblat se refiere a unas palabras que dijo Plejánov en la comisión de programa, donde el ‘derecho a la autodeterminación’ se explicó en forma detallada y popular en el sentido de derecho a la separación. Líber, que habló después de Góldblat, observó: ‘Claro está que si alguna nación no puede vivir dentro de los confines de Rusia, el Partido no ha de crearle obstáculo alguno’. Y concluye (p.339-340): Completa igualdad de derechos de las naciones; derecho a la autodeterminación de las naciones; fusión de los obreros de todas las naciones: tal es el programa nacional que enseña a los obreros el marxismo, que enseña la experiencia del mundo entero y la experiencia de Rusia”.

En la p. 45 leemos: “La sustitución de la monarquía por la república no es un objetivo absoluto, sino una de las reivindicaciones democráticas subordinadas a los intereses de la democracia”. Y en la p. 46: “El centro de gravedad de la educación internacionalista de los obreros de los países opresores tiene que estar necesariamente en la prédica y en la defensa de la libertad de separación de los países oprimidos. De otra manera, no hay internacionalismo. Tenemos el derecho y el deber de tratar de imperialista y de canalla a todo socialdemócrata de una nación opresora que no realice tal propaganda”. Y continúa en la p. 49: “De los principios generales y cardinales del marxismo se deduce, indudablemente, el deber de luchar por la libertad de separación de las naciones oprimidas por ‘mi propia’ nación”.

En la p. 52 comenta una carta de Engels a Kautsky: “En su folleto El socialismo y la política colonial (Berlín, 1907), Kautsky, que a la sazón era todavía marxista, publicó la carta que le había dirigido Engels el 12 de septiembre de 1882 y que reviste inmenso interés para el problema que nos ocupa. He aquí la parte esencial de dicha carta: ‘…A mi modo de ver, las colonias propiamente dichas, es decir, la tierras ocupadas por población europea, como el Canadá, el Cabo y Australia, se harán todas independientes; por el contrario, de las tierras que están sometidas y cuya población es indígena, como la India, Argelia, las posesiones holandesas, portuguesas y españolas, tendrá que hacerse cargo temporalmente el proletariado y procurarles la independencia con la mayor rapidez posible”. “Si queremos ser fieles al socialismo (p. 53) debemos ya ahora dedicarnos a la educación internacionalista de las masas, imposible de realizar entre las naciones opresoras (como por ejemplo España) sin propugnar la libertad de separación de las naciones oprimidas (como es el caso de Canarias)”.

Vemos aquí claramente priorizadas las contradicciones, anteponiendo la liberación de las naciones oprimidas, ante cualquier otra (incluso la concienciación de las masas de las naciones opresoras que conduzca a la liberación social, por imposible de realizar).

En las conclusiones de este artículo (p. 61): “El socialdemócrata ruso que ‘reconoce’ la autodeterminación de las naciones aproximadamente igual que lo hacen los señores Plejánov, Potrésov y Cía., es decir, sin luchar en defensa de la libertad de separación de las naciones oprimidas por el zarismo, es, de hecho, un imperialista y un lacayo del zarismo”(o un lacayo del borbonismo en el Estado español, añadimos nosotros). Dado que el término soberanía podría interpretarse ambiguamente, dada la amplitud de significados que tiene, entre los cuales podemos mencionar: autócrata, monarca, rey, regente, príncipe, déspota, emperador, kaiser, zar, sultán, emir, califa, jeque, cacique, conde, infante, soberana, emperatriz, zarina, sultana, princesa, archiduquesa, entronizar, imperar, reinar, ceñir la corona, etc., es más preciso el derecho de independencia del Archipiélago Canario, que lucha por su independencia, por la no dependencia de España ni de ningún otro estado u organización internacional, para conseguir la libertad de su pueblo, del Pueblo canario, por los siguientes motivos:

1. El derecho a la autodeterminación es un derecho inalienable de todas la naciones como se ha documentado fehacientemente, se ejerce mediante un referéndum, que se puede ganar o perder y es aplicable a naciones que se han federado voluntariamente. Un ejemplo de primera magnitud lo constituye el Referéndum sobre la OTAN celebrado en Canarias el 12 de marzo de 1986.  El Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario (Movimiento UPC) es una organización antiimperialista que enmarca su lucha democrática por la Liberación Nacional de Canarias en la común de los pueblos colonizados y dependientes contra el sistema imperialista mundial, sistema que se mantiene por la agresión militar, la culturización, la explotación financiera y el intercambio comercial desigual. El Movimiento UPC rechaza las continuas maniobras militares de la OTAN, organización de la que forma parte España, en base a la legitimidad jurídica internacional derivada de los clamorosos resultados electorales del referéndum sobre la permanencia de España en la Alianza Atlántica, celebrado el 12 de marzo de 1986, que produjo una mayoría negativa en Canarias, territorio cuyo status actual en Naciones Unidas es precisamente de Autónomo, aunque se trata de una falsa autonomía, por lo que hay que respetar la democrática decisión tomada en el citado referéndum de auténtica Autodeterminación, lo que nos legitima para exigir la salida de la OTAN de Canarias, incluyendo por supuesto a España.

2. El derecho a la independencia asiste a aquellas naciones cuya libertad ha sido arrebatada por la fuerza de las armas, como es el caso de Canarias, derecho reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

3. En resumen la Autodeterminación se aplica a naciones que voluntariamente han decidido unirse. En caso contrario, cuando se produce una invasión, una anexión violeenta, como es el caso de Canarias, se aplica la Resolución 1514 de las Naciones Unidas, que exige la descolonización e independencia de la Nación ocupada.

4. Una vez conseguida la independencia sólo reconoceremos como forma del Estado del Archipiélago Canario la República Federal Canaria.

Notas

1. Si la mayoría de la nación Noruega estaba por la monarquía y el proletariado por la república, al proletariado noruego, hablando en general, se le abrían dos caminos: o la revolución, si estaban maduras las condiciones para ella, o la sumisión a la mayoría y una larga labor de propaganda y agitación..
2. Fraquista es el nombre que se da en lenguaje popular al Partido Socialista Polaco. La propuesta no fue aceptada. Este punto de vista sufrió una derrota ante la Internacional.
3. Exactamente lo mismo ocurre con España y su colonia en Canarias. La clase obrera de España no podrá liberarse, mientras Canarias no se libere del yugo español. La esclavización de Canarias fortalece y nutre a la reacción en España (igual que nutre a la reacción en Francia la esclavización de una serie de naciones).
4. No es difícil ver, dicho sea de paso, por qué, desde el punto de vista socialdemócrata, no puede entenderse por derecho a la ‘autodeterminación’ de las naciones ni la federación ni la autonomía…Por eso, reconocer ‘el derecho de las naciones a la autonomía’ sería tan absurdo como reconocer’el derecho de las naciones a la federación’.
5. *En 1916, Lenin dio en este lugar la siguiente nota: “Rogamos a los lectores que no olviden que Plejánov fue en 1903 uno de los principales enemigos del oportunismo y estaba muy lejos de su tristemente célebre viraje hacia el oportunismo y, posteriormente, el chovinismo”.